
Leire Díez aparenta ser una especie de Walter Mitty, que sueña con ser el centro de todas las miradas, que disfruta del foco como lo haría el personaje que encarnaran Danny Kaye y Ben Stiller. Pero no sólo es una soñadora. Es también una pícara, ansiosa de aventuras, que, como hacía Harry Flashman, está siempre donde hay que estar, conspirando para frustrar la OPA del BBVA al Sabadell, tratando de recuperar los audios de la sauna Adán o comprando confidentes que proporcionen material sensible que utilizar contra los enemigos del régimen. Dice no ser fontanera ni cobarde. Y tiene toda la razón, pues es mucho más que una fontanera y desde luego posee un gran coraje cuando arrostra su negro futuro penal con entereza envidiable. La cuestión es que, como soñadora y como pícara, como personaje de otro tiempo, nadie parece tomarla en serio. En el PSOE dicen estar muy tranquilos, como si se tratara de una chiflada que se cree la factótum de Pedro Sánchez igual que Alonso Quijano se decía caballero andante. Los periodistas cuentan sus andanzas como en su día narraron las del Pequeño Nicolás, sin creer que haya nada detrás de ellas que no sea fruto de la desbordante imaginación de la arbolaria fontanera.
Lo novedoso es que hay dos individuos que sí se la han tomado en serio a pesar de que ellos mismos, tan similares a Torrente y su Rafi, parecen personajes de ficción. Pretenden ambos personarse en la causa contra Leire Díez acusándola de haber intentado perjudicarles influyendo en sus defensas con el fin de proteger al PSOE. Leire ha fardado de controlarlo todo, desde el Gobierno a la Fiscalía, pero nunca se ha vanagloriado especialmente de tener comiendo de su mano a las defensas que en su día lo fueron de Ábalos y Koldo. Por otra parte, si aquellos abogados pasaban sus minutas al PSOE, ¿cómo pueden los dos malandrines extrañarse de que la principal preocupación de sus letrados fuera proteger al partido y no a ellos?
Sin embargo, la voluntad de los dos presuntos corruptos podría tener otra finalidad, muy distinta a la muy etérea de desenmascarar los manejos de la fontanera para dirigir sus defensas. Quizá quieran enterarse los dos de primera mano de cuáles son las pruebas que se manejan en aquella instrucción, la que afecta a Leire Díez y Pérez Dolset. Porque es allí donde se va a cortar el bacalao si se demuestra que la fontanera del PSOE era la Clemenza de don Pedro y no el personaje de ficción que todos queremos que sea. La deseamos así, soñadora y pícara, porque nos negamos a admitir que el tipo al que hemos puesto al frente del Gobierno es capaz de recurrir a alguien de esta categoría para que soborne, chantajee y corrompa con tal de seguir él en el poder. Y así seguimos, sin terminar de creernos que el sujeto que nos gobierna es como es. Ábalos y Koldo también quieren terminar de enterarse de con quién se juntaron y de hasta dónde puede llegar. Cerdán no se ha unido a ellos porque él sí sabe muy bien quién es y de lo que es capaz. Y por eso se deja defender por los abogados del PSOE y soporta la privación de libertad con estoicismo de faquir y silencio siciliano.
