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Sánchez contra Trump, otro año de legislatura

Si el año pasado fue el de Franco y la "intifada" de Sánchez y Barbie Gaza, este promete ser el año bolivariano de la independencia inuit.

Si el año pasado fue el de Franco y la "intifada" de Sánchez y Barbie Gaza, este promete ser el año bolivariano de la independencia inuit.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la Cumbre de Parías para hablar de Ucrania. | EFE

Pedro Sánchez es un tipo con suerte. Con mucha suerte. No de otro modo se explica que todavía sea presidente del Gobierno. El hombre parecía dispuesto a fiar todas sus expectativas en 2026 a las ocurrencias de sus ministros, pero hete aquí que la actualidad internacional acude a su rescate.

Sánchez se fue de vacaciones a mediados de diciembre no sin antes exigir a sus ministros propuestas "ambiciosas", "disruptivas", "específicas", "fáciles" de poner en marcha y que no tuvieran que pasar por el Congreso.

Ese era el plan para afrontar otro año sin Presupuestos y con los partidos separatistas mordisqueándole los tobillos como esas mascotas de una agresividad inversamente proporcional a su reducido tamaño. Como plan no es que fuera gran cosa, pero es que Sánchez ha vuelto de vacaciones en un mundo que se parece al que existía cuando se fue lo que un huevo a una castaña.

La idea era que a cada tropiezo judicial, abuso laboral, acoso sexual o informe de la UCO sobre las trapacerías de sus más conspicuos colegas, amigos y colaboradores se respondiera con alguna majadería sobre la cebolla en las tortillas o el pepino en los gazpachos.

E ir tirando con el caso hermano, el caso Begoña, el caso Koldo, el caso Ábalos, el caso Cerdán, el caso fiscal y el caso de la Bernarda hasta el final de la legislatura. Todo ello aderezado con más cesiones a los separatistas como las que se producirán este jueves en el encuentro entre el mismo Sánchez y el inhabilitado Junqueras.

Y en esas estaba nuestro esquiador andorrano cuando el sutil, ingrávido y gentil Donald Trump le ha pegado un manotazo al tablero mundial que traslada el foco de Venezuela a Groenlandia, circunstancia que Sánchez aprovecha para ofender a la Corona saltándose la Pascua Militar y para vestirse de estadista antitrumpista, el Petro Lula de la Unión Europea, un hombre vivamente comprometido con ese derecho internacional compatible con las torturas y los asesinatos en Venezuela pero que se ve gravemente alterado porque Trump ha trincado al botarate de Maduro para llevarlo ante un juez de Nueva York.

De modo que si el año pasado fue el de Franco y la "intifada" de Sánchez y Barbie Gaza, este promete ser el año bolivariano de la independencia inuit. Si sube la gasolina, será culpa de Trump. Si la gasolina baja, mérito de ese Sánchez que lucha a brazo partido contra el cambio climático, el cambio caribeño y el cambio en España.

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