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Razonamientos en Calamocha

VOX de preocupa más por la solución de problemas concretos que por la ideología.

VOX de preocupa más por la solución de problemas concretos que por la ideología.
El presidente de VOX, Santiago Abascal, durante el acto de presentación de candidatos al gobierno de Aragón. | EFE

Los discursos de los políticos en una campaña electoral son tan relevantes como los que sueltan en el Parlamento. A veces, como sucede ahora en España, son más importantes, porque el Congreso de los Diputados está callado, casi cerrado, porque así lo ha decretado Sánchez, quien no deja de repetir que él gobierna sin Parlamento y, por supuesto, sin Ley Presupuestaria, etcétera... La dictadura sanchunera solo necesita propaganda y, de vez en cuando, que el Partido Popular le dé un poco de "legitimidad". Por eso, precisamente, es tan importante escuchar a los profesionales de la política. Sí, los discursos políticos, en las campañas electorales, son más importantes de lo que creen los dirigentes socialistas y peperos. No es una ironía. Animan la molicie e inercia de lo cotidiano. Dan un poco de vida política a la mortecina democracia española. Imagino que ayudarán a algún ciudadano decente a salir de su escéptico pesimismo ante el futuro que nos espera.

En este contexto dramático para quienes creemos en la democracia, observé el otro día un discurso de Santiago Abascal en un pueblo de Aragón. En realidad, más que un discurso formal, era algo más parecido a una rueda de prensa. El noble pueblo de Calamocha fue visitado por el dirigente de VOX. Se plantó delante de su iglesia y habló para los medios de comunicación y, naturalmente, para los calamochinos que lo seguían. Expuso con sencilla fluidez las principales ideas sobre las que se montará la campaña electoral de VOX en Aragón. Hablaba con normalidad y hasta se le entendía lo que decía. No es poco. Hablaba, sí, un político y se le entendía todo. La cosa resultaba fascinante. En serio. Su lenguaje era cercano y trataba asuntos muy concretos. Evitaba con inteligencia toda la faramalla ideológica. Y, además, no prometía nada. Su tono no era de bronca, como le acusan los periodistas al servicio del PP y el PSOE.

Levantaba acta de cosas sencillas. Mostraba contradicciones muy elementales de ese día (martes y 13 de enero), por ejemplo, no entendía Abascal por qué Alberto Núñez Feijóo aceptaba ir a ver a Pedro Sánchez a La Moncloa para acordar no sé qué historia para mandar tropas españolas a Ucrania, si no paraba de acusar al gobierno de Sánchez de ser una mafia. Y, naturalmente, de ahí derivaba que eso no ayudaría a una aproximación entre VOX y el PP para conformar un mesogobierno en Extremadura. No podía dejar de ver el líder de VOX que la acción de Feijóo era un balón de oxígeno a Sánchez, cuando más caído está el Ejecutivo. Sí, Abascal insistía en que si Feijóo consideraba al Gobierno de Sánchez una "mafia", no tenía sentido ir a reunirse con él, ya que eso le daría aire y legitimidad política... Tampoco se le pasó por alto a Abascal que el rollo de las denuncias por malos tratos a Julio Iglesias, que dominaban las páginas de los periódicos de ese día, era otro modo perverso que tenía el gobierno de Sánchez para entretener al personal y que no se hablase de lo fundamental: la corrupción sanchista y de su colaboración con las tiranías de Venezuela, Irán y China, etcétera.

Estuvo entretenida la comparecencia de Abascal. Yo saqué en claro unas pocas cosas que, por fortuna, no varían en VOX. Primera y fundamental: se dice en Calamocha, noble pueblo de Teruel, lo mismo que se diría en cualquier otra población de España. Eso lo distingue del PP. En segundo lugar, hay un principio básico que todo votante de VOX debe desarrollar con inteligencia: la nación es lo primero y, después, la región, la provincia y el pueblo, es decir, VOX tiende a que las Autonomías pierdan peso en favor del Estado nacional; o sea, menos autonomía y más traspaso de competencias regionales desde el mesogobierno de Aragón (en verdad, desde todos los gobiernos autonómicos) al gobierno de España. Tercero: VOX le pide el voto a todos los ciudadanos sin preocuparse por las señas de su pasada identidad política; parece que hay un traspaso importante de viejos votantes socialistas, según todas las encuestas, que ahora optan por VOX. Se preocupa más por la solución de problemas concretos que por la ideología. Cuarto: es menester detener las políticas migratorias del bipartidismo del PP y el PSOE. Quinto: Abascal criticó con rigor las medidas del Gobierno sobre el mercado de la vivienda (como deducciones fiscales) y ha propuesto, una vez más, liberalizar el suelo fuera de áreas protegidas y fomentar la vivienda pública, además de responsabilizar a Sánchez y al PP por la situación actual del mercado.

Dijo Abascal, en fin, cosas relevantes, pero lo más importante es que lo hizo en Calamocha con precisión y lucidez. Hizo un discurso político sin caer en contradicciones. O, al menos, yo no advertí que desbarrara respecto al discurso defendido en la campaña de Extremadura. Seguí toda la rueda de prensa con interés, cosa extrañísima en este cronista. Este hombre, dije para mis adentros, razona con normalidad. Uno podrá disentir, como dicen todos los malos observadores de la realidad política, del fondo de algunas de sus propuestas, pero pocos podrán dejar de encomiar las formas en que se expresa. Habla, sí, con sencillez y creyendo lo que dice. ¡Cómo no aplaudir su apreciación: "Es que el Partido Popular no aprende"! Sánchez llama a Feijóo a La Moncloa y acepta la invitación sin pestañear. Al menos, digo yo, podía haberle sugerido que el tema de mandar tropas españolas a Ucrania era un asunto para debatirse en el Parlamento.

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