
Las víctimas deben ser recordadas todos los días y a todas horas. Frente a la estrategia sanchista del ocultamiento de lo sucedido en Adamuz, es menester seguir indagando de modo público sobre el accidente. Nada de pasar página. Frente a la estrategia del olvido, es menester ejercer el recuerdo crítico. Las vidas humanas son sagradas. Frente a la próxima barbaridad del gobierno para ocultar Adamuz, por ejemplo, pretender regularizar a medio millón de ilegales, es necesario desmontar todos sus cambalaches. Hubo 45 muertos por negligencia del Gobierno, dicen todos los expertos que he consultado sobre el accidente ferroviario de Adamuz. El accidente era evitable. Esto no ha sido una catástrofe natural. Tampoco es responsabilidad de un fallo humano concreto, por ejemplo, de un maquinista, un guardaagujas o alguien similar. Nada de echarle la culpa a uno que pasaba por allí.
Las responsabilidades son gubernamentales. 45 personas han muerto por una soldadura defectuosa en los raíles, según afirman todas las investigaciones. El dato parece superfluo, pero es de una gran trascendencia. 45 seres humanos han perdido la vida en Adamuz, según todos los indicios, por la irresponsabilidad organizada de un gobierno que sigue mintiendo sobre su culpabilidad. Son tantas las mentiras y contradicciones del titular del Ministerio de Transportes que pocos dudan ya sobre la indolencia del gobierno de Sánchez en el origen del accidente y en la gestión de la tragedia. Son obvias las responsabilidades políticas y morales del gobierno de Sánchez en los 45 muertos del accidente de Adamuz. Otra cosa es el asunto de las culpabilidades penales que tendrá que ser dirimido en los tribunales de justicia.
Porque las víctimas de Adamuz merecen respeto y recuerdo permanente, porque las 45 personas fallecidas representan a millones de españoles y extranjeros que podrían haber caído como ellos, los medios de comunicación, especialmente los comprometidos solo y exclusivamente con la verdad, tendrían que recordar todos los días y a todas horas qué ha sucedido en Adamuz. Es menester escribir e informar sobre el descuido y abandono de la red de ferrocarriles españoles cuya responsabilidad corresponde al Ministerio de Transportes. Ningún medio de comunicación debería ceder al chantaje gubernamental que trata de tapar el accidente con mil tretas mafiosas, entre las que destacan, en primer lugar, gastar 271 millones en publicidad, o sea, en propaganda, a favor de Sánchez y sus ministros.
¿Se imaginan cuántos kilómetros de vías de ferrocarril se podrían renovar con 271 millones de euros? Esa es la cantidad de dinero que prevé el gobierno gastar este año; repito la cifra, 271 millones gastará Sánchez para que se hable bien de él. 271 millones, es la segunda cifra más alta desde 2011, que se dedicará a la propaganda, o sea, a blanquear las barbaridades cometidas por Sánchez, especialmente su responsabilidad en el accidente de Adamuz. Sí, los medios de comunicación tienen la obligación de criticar la apatía y la dejadez del Gobierno sobre el mantenimiento de la red ferroviaria y a la par, sin duda alguna, tienen que criticar, o mejor dicho, denunciar los mil mecanismos de chantaje del gobierno para ocultar y tapar sus responsabilidades, entre los que ocupa el primer puesto el gasto dedicado a la publicidad institucional, o sea, a la propaganda a favor de Sánchez. Ni que decir tiene que el medio de comunicación que mejor tape la desidia y el desinterés de Sánchez por la seguridad de los ferrocarriles españoles, más dinero recibirá. O sea, muy pronto, quizá el mes que viene, tendremos otra vara de medir la indecencia de los medios que blanquean al gobierno: "quien más reciba, sí, mejor hablará del Gobierno". La perversidad del mecanismo es similar a los inmorales que se obstinan en repetir "que no debemos politizar los 45 muertos" de Adamuz. Todos esos artilugios ideológicos solo tienen un objetivo: olvidar a las víctimas. Frente a ello, recuerdo crítico y memoria de la buena.
