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Los indocumentados que gritan "¡viva Pedro Sánchez!"

En Europa saben perfectamente quién es Sánchez y que abra las puertas de España de par en par a la inmigración irregular no ha sido una sorpresa. A Sánchez tampoco le importa.

Cientos de miles de extranjeros se agolpan en consulados y embajadas al calor del anuncio del Gobierno de una regularización masiva. Es más que probable que el número de beneficiarios supere el millón. El efecto llamada se constata en las calles, en las largas colas frente a las oficinas de representación diplomática y en las calurosas manifestaciones de agradecimiento hacia Pedro Sánchez por parte de la población extranjera que tramita los papeles para su regularización y el reagrupamiento familiar. Libertad Digital ha hablado con algunos de los inmigrantes marroquíes a las puertas del consulado general de Madrid y su opinión es unánime: Sánchez es el mejor presidente para quienes han entrado en España de forma ilegal, cometiendo así el primer delito.

La manifiesta irresponsabilidad del Gobierno y de Podemos tiene como objetivo una alteración del censo electoral para que la izquierda se pueda perpetuar en el poder gracias al voto comprado a cambio de papeles. No pudo ser más sincera la dirigente de Podemos, Irene Montero, cuando a grito pelado abogó por el reemplazo de la población española por "gente negra, china o marrona (sic)". De modo que no hay disimulo alguno. Sánchez sabe que sólo con esa clase de pucherazos puede aspirar a permanecer en el poder. La seguridad ciudadana y el Estado del Bienestar son factores que desprecia. No son su problema. Nada que preocupe o perturbe a la mayoría de los españoles le interesa lo más mínimo.

La presidenta del Gobierno de Italia, Giorgia Meloni, ya ha alertado de las nefastas consecuencias de la regularización de Sánchez. El grupo en el Parlamento Europeo del partido de Meloni señala que la medida unilateral "socava la credibilidad del control migratorio en la Unión Europea" y que "la falta de rigor fronterizo de España será una carga permanente para todos los Estados miembros". Y es que una regularización de las características que ha planteado Sánchez al margen del resto de los países supone un ataque contra la coordinación y la unidad europea frente a la inmigración. Es un auténtico torpedo en la línea de flotación de la UE que convierte el territorio español en un paraíso para legalizar la inmigración ilegal y que campe a sus anchas por todo el continente.

El grupo de Meloni pide a la Comisión Europea una evaluación de las consecuencias operativas en el espacio Schengen de la cacicada de Pedro Sánchez y Podemos y reclama "una mejor coordinación entre los Estados miembros", una nada velada alusión a la falta de respeto del Gobierno español y sus socios por los consensos europeos en materia de inmigración y por las acciones y decisiones conjuntas. Está claro que el anuncio de una regularización masiva en España al margen de la UE tendrá repercusiones en todos los países.

Sánchez es un auténtico peligro no sólo para España y los españoles sino también para la Unión Europea, donde su única "aportación" es exigir la oficialidad del catalán (y del vasco y el gallego para disimular) a fin de pagar a Puigdemont parte del precio de su estancia en Moncloa. En Europa saben perfectamente quién es Sánchez y que abra las puertas de España de par en par a la inmigración irregular no ha sido una sorpresa. A Sánchez tampoco le importa. Prefiere sumar futuros votantes, esos que ahora gritan "¡viva Pedro Sánchez!" y a quienes bastará una "declaración responsable" para borrar todo su historial delictivo.

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