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De las listas cremallera a las braguetas bajadas

Política y Policía es una asociación que todo régimen no democrático fomenta para salvaguardar cada paso en falso, y el PSOE frecuenta esos lindes.

Política y Policía es una asociación que todo régimen no democrático fomenta para salvaguardar cada paso en falso, y el PSOE frecuenta esos lindes.
Momento de la salida este jueves de su domicilio en Madrid del exdirector adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, José Ángel González Jiménez. | EFE

Al PSOE no le gusta la Transición, prefiere emboscarse en la guerra civil y vivir de la dictadura. En las tinieblas, en la excepcionalidad, fuera del alcance de la ley y la democracia donde no encuentran la forma de prosperar.

No queda nada en pie, ni se recuerda nada igual. No hay institución, organismo, estructura o despacho que escape al virus. Todo está contaminado sin excepción ni remedio posible, salvo la extirpación inmediata del Mal.

El caso del jefe de la Policía, el Director Adjunto Operativo (DAO) José Ángel González, obliga a un doble análisis en el que el PSOE sale muy mal parado. Por un lado hay que abordar el papel de las fuerzas de seguridad del Estado cuando operan bajo el poder del socialismo, lo que no significa reducir el estudio a los momentos en los que gobierna. Y eso es precisamente lo más grave.

La Policía de Rafael Vera, el que fuera secretario de Estado de Seguridad de Felipe González, se mantuvo con el cambio, sin sobresueldos, en el ministerio de Jaime Mayor Oreja, primer titular de Interior de la era Aznar, más preocupado en acabar de verdad con ETA y comprender como nadie su plan, el que hoy perdura. Pero sí, al PP le colaron a muchos comisarios que son tan de derechas como haga falta y tan de izquierdas como sea necesario.

El ministro de Aznar lidió con lo peor, en España y en Francia, y hasta desactivó un conducto masónico por el que discurría la única colaboración con el vecino en materia de antiterrorismo. A Juan Alberto Belloch y a Margarita Robles, ministro y secretaria de Estado de Interior del final del felipismo, tampoco les agradaba, pero lo mantuvieron. Por ese oscuro túnel lleno de mandiles se despachó mucha basura, de ETA y de los GAL.

Pero los malos nunca lo son del todo porque eso los delataría, así que muchos "maderos" quedaron empotrados en los tabiques de Interior, ajenos al inquilino de turno de La Moncloa. Leales a sí mismos, al dinero y a los farolillos rojos donde se puede encontrar buena información y, ya de paso, consumir, y consumar, tirando de placa. El templo de esas prácticas fue Sauna Adán, matriz de los muchos locales que el suegro de Sánchez, padre deBegoña Gómez, puso a disposición de la carrera de su hija y su yerno.

Queda mucho por rezumar de esas húmedas paredes. Según algunos, casi todo tiene registro audiovisual.Muchas preguntas, incluidas las del 11-M, podrían tener su respuesta aguardando más cerca de lo que parece.

Se habla mucho de las puertas giratorias de los ministros y muy poco de las de los comisarios o altos cargos ligados a la Policía que copan empresas de seguridad, de "logística", de alarmas o de variedades consultivas, ya sea en el Ibex o en sus jardines más discretos. Política y Policía es una asociación que todo régimen no democrático fomenta para salvaguardar cada paso en falso, y el PSOE frecuenta más que nadie esos lindes que se hacen públicos en forma de escándalos colaterales. Por importantes que sean, muchas veces son sólo el descuido de algo mucho más grave.

En el peor de los casos, un comisario es un político con pistola. Y licencia para usarla, claro. Eso siempre impone casi tanto como el poder… o el acoso, en el caso del DAO, porque las braguetas bajadas que quedan cerca de una cartuchera añaden un plus de intimidación indiscutible.

Nada de esto ensucia a todos, ni siquiera a la mayoría, por supuesto. Pero ensucia lo suficiente como para ser un terrible mal. En el caso del PSOE, endémico. La policía política, que es el resultado del abuso de poder sobre un servicio público de seguridad, nunca está al servicio del ciudadano. Se convierte, de hecho, en su peor enemigo.

En la parte más débil de la cadena, los policías nacionales se juegan la vida a diario por un sueldo que difícilmente puede cubrir lo que implica defendernos. Demasiadas veces se exponen a lo peor de la delincuencia con equipos que no están a la altura del riesgo que están obligados a afrontar en cualquier momento de su exigente jornada laboral.

Tampoco les acompaña la ley que les sujeta el arma al cinto no vaya a ser que la "desproporción" en el uso de la fuerza se salde con pérdidas en el hampa. Hay un término medio entre el gatillo fácil y la indefensión de un agente que debe calcular el uso de la fuerza hasta un extremo que puede suponer su muerte. La Policía, los policías, merecen un trato más digno, sueldos más elevados y, sobre todo, mandos íntegros, sean policiales o políticos, que entiendan que la única autoridad a la que sirven en democracia es al ciudadano.

El hecho de que la Guardia Civil tenga rango militar protege algo más contra la corrupción política, pese al vergonzoso episodio protagonizado por Luis Roldán, otro socialista que llegó de la nada para quedarse con todo. Pero la Benemérita no está a salvo del control político como prueba el cese fulminante del coronel Diego Pérez de los Cobos por parte de Fernando Grande Marlaska por "pérdida de confianza", léase sumisión. O la persecución a la UCO, bestia negra del sanchismo corrupto.

El ministro del Interior de Pedro Sánchez estuvo a la altura de lo que se esperaba cuando cambió su responsabilidad por la de la víctima del DAO en una frase que resume la desvergüenza del régimen que nos aplasta:

"Si la propia víctima no se ha sentido protegida o ha entendido que este ministro le ha fallado en algún sentido, evidentemente yo sí que renunciaré y sí que dimitiré".

¿Iba a preguntar el ministro a la víctima para tomar su decisión? Le faltó proponer que compareciera públicamente, con nombre y apellidos y mostrando su rostro. Es la versión depurada del "si necesitan ayuda que la pidan" de Pedro Sánchez a los valencianos que morían ahogados por la dana.

El bulo del feminismo socialista

El otro aspecto que urge analizar tras el caso DAO es el feminismo fake de una importante parte de la izquierda que hoy se dedica a la política. Un bulo flotando en el pestilente fango que rebosa por las cloacas de La Moncloa.

El progresismo irresponsable impuso las llamadas "listas cremallera", un invento que obliga a alternar hombre y mujer en las candidaturas hasta alcanzar un perfecto cincuenta por ciento de hipocresía. Pero muchas cremalleras resultaron ser braguetas, a ser posible bajadas. ¿Favoreció la igualdad o se favorecieron de la igualdad para tener cerca más víctimas potenciales?

Impacienta descubrir qué tal funciona este argumento entre las empoderadas tertulianas y políticas que llevan escrita la forma de atacar a la oposición pero retiran la mirada ante los cadalsos en los que aparecen mujeres lapidadas, escondidas bajo escafandras islamistas, mutiladas y siempre sometidas a la religión de sus santos varones.

Tratar a la mujer como una cuota en vez de como a una persona que puede tener la misma, mejor o peor preparación que un hombre, nos trae estas aberraciones. Y los impulsores de esta igualdad aritmética resulta que copan los burdeles, ponen pisitos a sus más caras "sobrinas" o dejan sus braguetas bajadas como seña de identidad ante sus iguales del género opuesto.

España muere con la bragueta bajada. Paco Salazar, cargo de confianza del presidente Sánchez, era un"compañero absolutamente íntegro", según la fracasada Pilar Alegría. José Ángel González era "una persona absolutamente indiscutible e indiscutida", según el todavía inexplicablemente ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska. Dos presuntos depredadores sexuales defendidos "absolutamente" por dos ministros.

El Lolita Express del PSOE despega y aterriza en España cada día hace mucho tiempo y nadie hace caso. Si viene un nuevo Gobierno, si se lo toman en serio en la oposición, tendrán que escoger muy bien a las personas por su valía, sean hombres o mujeres, en la Política y en la Policía

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