
Estos días, y por razones obvias, se habla mucho de la revolución islámica que en su día hubo en Irán. Pero la genuina revolución relevante es la que anda a punto de consumarse en un lugar tan en apariencia estable, convencional y rutinariamente anodino como el Reino Unido. Porque el ancestral orden político británico, ese eterno turnismo entre conservadores y laboristas, se está desmoronando sobre sus propios cimientos, que no son otros que los del establishment, a un ritmo endiablado; tan endiablado que los laboristas, quienes apenas llevan un año y medio gobernando, casi desaparecen en las encuestas como fuerza con representación parlamentaria, quedando reducidos a la más estricta insignificancia marginal. Y un destino no muy distinto auguran los mismos sondeos a los torys, quienes sufrirían otro descalabro paralelo de dimensiones también bíblicas.
Desde principios del siglo pasado, cuando los socialistas fabianos eclipsaron a los liberales como segundo partido de la isla, no se había vivido un terremoto político similar. El viejo mundo ideológico de ayer, simplemente, se está evaporando en el aire. Porque el Brexit, frente a lo que todavía siguen pregonando nuestros palmeros domésticos de la eurocracia bruselense, no fue un error ni tampoco el calentón ocasional de unos votantes algo palurdos y rústicos, amén de desinformados. De ahí que su principal promotor, Farage, esté arrasando en todos los sondeos con Reforma, su nuevo partido de derecha dura, o sea, de derecha nacionalista.
Y lo que va a tener enfrente, el Partido Verde, recuerda mucho más a la Francia Insumisa de Mélenchon, un grupo que se quiere radical e iconoclasta, que a los socialdemócratas, esa inane nada que nada a ambas orillas del Canal. Pero lo más revelador es descubrir el origen social de sus respectivos electores. Y es que a esa nueva derecha dura y soberanista la van a votar, sobre todo, las clases humildes, los británicos que carecen de blasones universitarios; o sea, los de abajo. Y justo lo opuesto ocurre con los verdes, entre cuyo público casi la mitad, más del 40%, posee una carrera universitaria. Que tomen nota en Génova y Ferraz.
