
Ursula von der Leyen es una de esas políticas a las que les gusta ir a favor de corriente. Ayer decía una cosa y hoy defiende la contraria. Aún así, las aceradas críticas de los socialistas ibéricos a su discurso del lunes carecen de fundamento. Para empezar, partió la menuda alemana de la constatación de un hecho: el actual orden internacional ha muerto. Y añadió una reflexión muy sensata: no tiene sentido que la Unión Europea consuma sus recursos en sostener a un cadáver. En segundo lugar, cuando Albares dice que la alternativa al orden es el desorden, dice una tontería. El orden internacional salido de la Segunda Guerra Mundial no es el único posible. De hecho, cambió cuando cayó el Muro de Berlín y volvió a hacerlo cuando China se convirtió en superpotencia.
Sánchez y ahora Teresa Ribera califican de ilegal la guerra de Irán. Y le afean a von der Leyen que no lo denuncie. Pero no dicen que Irán es el primero que quebranta el derecho internacional. Lo hace de forma grosera cuando no respeta los derechos humanos de sus ciudadanos. Pero, si esto no les bastara, en consideración al principio de no injerencia, que es cosa de un orden internacional pretérito, el surgido de la Paz de Westfalia, conviene recordar que los iraníes también lo infringen cuando patrocinan el terrorismo. Y no debe olvidarse que el derecho internacional autoriza a los agredidos a defenderse. Pero, si aún eso no fuera suficiente, Irán incumple por tercera vez el derecho internacional violando el tratado de no proliferación, que ha firmado y ratificado, cuando pretende hacerse con una bomba nuclear con la que aspira a, según admiten sus dirigentes, barrer del mapa a Israel. No hay ninguna norma internacional que obligue a los judíos a sentarse a esperar impasibles el momento de ser eliminados para entonces, y sólo entonces, adquirir el derecho a reaccionar.
La legalidad internacional surgida de la Segunda Guerra Mundial, que es la que creen vigente los socialistas, se basaba en el Consejo de Seguridad, donde mandaban Estados Unidos y la Unión Soviética, que disciplinaban cualquier conflicto en el que ninguno de los dos tuviera un interés directo por estar fuera del marco de la guerra fría. Cuando la URSS se disolvió, sólo Estados Unidos mandó y se autorizaron las intervenciones en Yugoslavia y en Kuwait. Hoy, contar con una autorización similar para socorrer a los iraníes, especialmente a sus mujeres, es imposible porque la vetarían Rusia, China o los dos.
¿Los medios empleados son discutibles? Integrémonos en la coalición y eso nos dará derecho a debatir el mejor modo de acabar con la amenaza iraní. Pero hay que tener la cara de granito para quedarse de brazos cruzados mientras los iraníes matan a miles de sus ciudadanos por pedir libertad. O se mira hacia otro lado cuando Teherán patrocina atentados terroristas, especialmente aquel en el que murieron más de mil israelíes. O se hace la vista gorda cuando los mulás tratan de hacerse con una bomba atómica que arrojar sobre Tel Aviv. Y luego, encima, criticar no sólo a quienes hacen algo al respecto, sino también a quienes se niegan a defender a un régimen asesino de quienes quieren acabar con él.
