La bomba atómica de Irán se llama yuan
Irán acaba de poner encima de la mesa una bomba atómica financiera mucho más peligrosa todavía que esa otra que anda buscando Trump en remotas cuevas perforadas bajo montañas.
Un imperio son tres cosas: un ejército omnipotente, una moneda omnipotente y un relato ideológico omnipotente. Si alguno de esos elementos falla, el imperio se desmorona. El imperio soviético, por ejemplo, cayó por el descrédito de la doctrina comunista dentro de las filas del propio Partido Comunista de la URSS. De ahí que siempre resulte un imperativo crítico para cualquier imperio tratar de evitar a toda costa que ninguno de esos tres elementos entre en barrena. Hay un error muy extendido en la interpretación que se está haciendo sobre la naturaleza de esta guerra; error que tiene que ver con la dimensión existencial que el conflicto representa para los contendientes.
Así, se predica que supone algo de vida o muerte para Israel, toda vez la amenaza nuclear –además del enorme poder de destrucción del arsenal misilístico iraní– equivale a una espada de Damocles permanente que amenaza el destino histórico del país. Y otro tanto de lo mismo se pregona sobre la República Islámica, puesto que el propósito oficial de la intervención norteamericana remite a su definitiva aniquilación. Sin embargo, casi nadie defiende que la guerra signifique algo similar para Estados Unidos. Y resulta que sí lo significa. Porque también para ellos ganar o perder conducirá a algo de vida o muerte.
En medio de tantas imágenes espectaculares de destrucción, poco se ha reparado en la decisión iraní de cobrar sus exportaciones de petróleo en yuanes, la moneda china. Un cambio más letal para Estados Unidos que todas las bombas que han estallado en sus bases de la región desde hace un par de semanas. Estados Unidos, no se olvide, puede permitirse la mayor deuda pública del mundo, amén del mayor déficit comercial del mundo, gracias a imprimir sin límite unos papelitos de color verde llamados dólares; papelitos que no valdrían nada, absolutamente nada, si no resultasen imprescindibles para poder comprar petróleo. Irán acaba de poner encima de la mesa una bomba atómica financiera mucho más peligrosa todavía que esa otra que anda buscando Trump en remotas cuevas perforadas bajo montañas. Mucho más.
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