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Recuperación, frenazo y adiós

No han podido ser más obtusos Podemos, Izquierda Unida y el resto de la tropa izquierdista. Sólo cuentan el cuento del lobo, que viene, que viene, y no piden otra cosa que pararlo.

No han podido ser más obtusos Podemos, Izquierda Unida y el resto de la tropa izquierdista. Sólo cuentan el cuento del lobo, que viene, que viene, y no piden otra cosa que pararlo.
Alberto Núñez Feijóo junto a María Guardiola, Alfonso Fernández Mañueco y Jorge Azcón. | PP

Cuando unas elecciones no traen grandes cambios, se amplía mucho el margen de libre interpretación. Ha sucedido con las de Castilla y León. Se interpreta que el PSOE ha conseguido recuperarse, pero es más cierto decir que resiste. Sus dos escaños extra, pese a que no son moco de pavo, ni resultan de un gran crecimiento ni reflejan que ha dejado de ser el partido más votado en varias provincias. Si de recuperación se habla, habrá que precisar que el término sólo es aplicable en la comparación con sus notables caídas en las elecciones recientes en otras comunidades, pero cada región tiene su historia y su historial y no vale meterlas en el mismo saco. En Castilla y León, la subida de este partido ha sido modesta, aunque tiene la virtud de mostrar la gran resistencia del fiel electorado a dejarse influir por los estragos y escándalos de Pedro Sánchez en Madrid.

El frenazo de Vox es otra de las interpretaciones que sólo tiene validez por comparación. Cierto, porque no ha pegado el subidón que dio en Aragón y Extremadura, pero no tanto, si se tiene en cuenta que en Castilla y León ya había tenido, hace cuatro años, mucho mejores resultados que en las otras regiones. Visto así se puede decir que estaba cerca de su techo y que ahora lo ha tocado. Todos los partidos tienen un techo, aunque no les guste reconocerlo y tiendan a olvidar que es más importante tener un suelo. Sin suelo, las caídas son letales. Con un suelo mínimamente consistente es posible salir de un bajón; cuando falta, un partido se va por el sumidero. Esto es, más o menos, lo que le ha pasado a Podemos en Castilla y León. Donde no tenía casi nada, ahora no tiene nada.

El hundimiento final del izquierdismo infantil parece un hecho que, además de indiscutible, no admite distintas interpretaciones, pero haberlas, haylas. El diputado Gabriel Rufián, por ejemplo, ve en este ocaso la prueba de que tiene razón cuando dice que hay que armar una alianza para que la división no pase su factura. Ay, si fuéramos todos juntos, exclama, junto al impertinente "ya lo dije". Ocurre, sin embargo, que la unión salvadora que pretende tiene como finalidad una y sólo una, que es la de parar a esa derecha con la que mete tanto miedo. ¿Y qué pasa cuando metes miedo? Ya lo dijimos por aquí. La gente que se asusta, en lugar de votar a partidos pequeños, que a saber si sacan algo, vota al PSOE. Concentra el voto. Hace lo útil.

La primera cita electoral después de los saraos de "un paso al frente" y "disputar el presente para ganar el futuro" ha sido un jarro de frío realismo. Todo aquello para esto. Precisamente. No han podido ser más obtusos Podemos, Izquierda Unida y el resto de la tropa izquierdista. Sólo cuentan el cuento del lobo, que viene, que viene, y no piden otra cosa que pararlo. Aterrorizan a su personal y lo inducen a votar por el partido más grande, porque los suyos ya están para unas sopas. El izquierdismo infantil le está haciendo el trabajo a Pedro Sánchez. Le han comprado el marco, como dicen los consultores políticos, y el que factura es el PSOE. Niquelado.

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