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'¡Impeachment!'

Estados Unidos es una democracia muy diferente a la española y allí se toman muy en serio las promesas electorales.

Estados Unidos es una democracia muy diferente a la española y allí se toman muy en serio las promesas electorales.
Donald Trump, el presidente de EEUU | Cordon Press

Entre las consecuencias de la guerra de Irán, aunque no sea la más importante, está la de qué vaya a pasar con Trump. Reunido hace un par de meses con los congresistas republicanos que se presentan a las elecciones este noviembre, Trump les animó a ganar para evitar que los demócratas le sometan a un impeachment. En aquel momento, sonó pretencioso. Porque, aunque la Cámara de Representantes cayera en manos de los demócratas (ahora lo está en las de los republicanos por poco), y se acordara allí la imputación de Trump, para lo que basta la mayoría simple, necesitaría luego para prosperar el voto de los dos tercios del Senado. Es imposible que los demócratas lleguen a ser tantos porque esa cámara sólo se renueva por tercios. Los Padres Fundadores exigieron una mayoría tan cualificada para evitar que un impeachment prosperara sólo por razones políticas y necesitara para hacerlo el voto de un número considerable de senadores del partido del presidente de modo que no hubiera duda de la procedencia del castigo. Pero las cosas han cambiado.

Ahora, Trump se encuentra empantanado en el tipo de guerra que prometió que no haría. Estados Unidos es una democracia muy diferente a la española y allí se toman muy en serio las promesas electorales. Que Trump haya deshonrado una de las que formuló es algo que puede hacer que los senadores republicanos se planteen hacérselo pagar votando a favor de su condena. Paradójicamente, quienes más inclinados a unirse a los demócratas pueden ser los republicanos más trumpistas, los creyentes en la fe MAGA, el aislacionismo y la política de desentenderse de los problemas del mundo. Otro motivo que pueden tener los senadores trumpistas para votar con los demócratas en esto es que, en caso de que la presidencia quedara descabezada, el sucesor sería J. D. Vance. El vicepresidente es abiertamente aislacionista y, aunque no ha osado criticar a Trump, ha puesto mucha distancia con él desde que el magnate decidió intervenir en Venezuela.

Pero no sólo la derecha aislacionista ha criticado a Trump. La dimisión del jefe de contraterrorismo, Joe Kent, no parece que se haya debido tanto a que los informes de inteligencia no justificaban el ataque a Irán, sino por entender que Trump se ha dejado arrastrar por Netanyahu, algo intolerable para la derecha antisemita. El mismo Charlie Kirk, antes de ser asesinado, consideró que una guerra con Irán sólo servía a los intereses de Israel y no encajaba con los de los Estados Unidos. Steve Bannon, asesor áulico de Trump durante el primer mandato, o Tucker Carlson, comentarista de la Fox, despedido por ser demasiado de derechas, se han manifestado en términos similares con declaraciones antijudías. Todo lo cual significa que Trump necesita poner fin a esta guerra cuanto antes. A ser posible, ganándola. Pero si la victoria se muestra huidiza, lo hará perdiéndola. De todas formas, ya estará él para proclamar en X que ha vencido, por flagrante que sea la derrota.

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