El Gobierno de coalición de Pedro Sánchez hace aguas por todos los lados. El grotesco episodio protagonizado por los cinco ministros de la extrema izquierda de Sumar, que se han negado a entrar en el Consejo de Ministros hasta que no se aceptaran algunas de sus medidas más delirantes en el paquete anticrisis, es la demostración palmaria de que este Ejecutivo desprecia a los ciudadanos y aprovecha cualquier escenario crítico para incurrir en el populismo más mendaz y grosero.
Con los precios de los carburantes y el gas natural disparados, con una precariedad sin resolver en el sistema de suministro eléctrico que tiene en vilo a los españoles, con sectores económicos cruciales afectados por la subida de precios y con un impacto dramático en el bolsillo de los ciudadanos, el Gobierno no solo tarda en actuar sino que encima lo hace mal y en medio de un sainete provocado por el frívolo e inmoral choque de egos entre Sánchez y una señora, Yolanda Díaz, que es igual de incompetente, inepta y peligrosa que el presidente del Ejecutivo, cosa que tiene su mérito. Un circo.
De los ministros de Sumar no se conoce más oficio y beneficio que el de esquilmar las arcas públicas, destrozar lo que tocan, sembrar el odio sin hache y con hache y agudizar todos los problemas habidos y por haber. Su gestión es calamitosa sin excepción. Su desempeño, una vergüenza a la altura de sus pares socialistas. Si Sánchez tuviera un mínimo de dignidad convocaría elecciones después de echar a patadas de su Gobierno a semejantes personajes. Pero es que los socialistas son aún peores, más inútiles y perniciosos.
Que los socialistas y los miembros de esa otra amalgama de intereses particulares llamada Sumar sean capaces de montar una escena como la de este viernes cuando los españoles afrontan una nueva escalada inflacionista motivada no solo por la guerra de Irán sino por las nefastas políticas económicas de esa alianza catastrófica que forman socialistas y comunistas muestra hasta qué punto desprecian a los ciudadanos. También muestra que no les importa en absoluto causar la ruina de cientos de miles de familias, de millones de personas que tratan de sobreponerse a las circunstancias y a un Gobierno que fundamenta toda su actuación en un despliegue de poses y propaganda que va contra los intereses del conjunto de la ciudadanía.
Ni los del PSOE ni los de Sumar tienen vergüenza ni saben lo que es. No sufren el día a día de la mayoría de los ciudadanos, una cotidianeidad aderezada por la pavorosa incompetencia de los miembros de ese Ejecutivo siniestro y maligno al que el sufrimiento y el esfuerzo de los contribuyentes no les importan en absoluto. Carecen de la más mínima empatía para ponerse en la piel de los ciudadanos que tienen que soportar una presión fiscal indecente y los discursos de un Gobierno que se vanagloria de que en España cada vez más gente necesita ayudas sociales. Su indignidad no tiene límites. Carecen por completo de escrúpulos y están dispuestos a llevarnos a la irrelevancia internacional y, lo que aún es peor, a la ruina más absoluta como consecuencia de sus indecentes postureos.

