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El modelo de Illa es Calcuta

Salvador Illa ansía que nos hacinemos más, mucho más, muchísimo más. Illa quiere que seamos Calcuta con farolas de diseño.

Salvador Illa ansía que nos hacinemos más, mucho más, muchísimo más. Illa quiere que seamos Calcuta con farolas de diseño.
El presidente de la Generalidad de Cataluña, Salvador Illa y el presidente de ERC, Oriol Junqueras. | Europa Press

Como sabrá el lector, los líderes del catalanismo han experimentado a lo largo del tiempo predilecciones cambiantes en cuanto a los modelos de país a imitar en su afán por dotar de forma específica al proyecto de construcción nacional. Primero fue la Irlanda insurreccional y triunfante; luego Israel (a muchos les entusiasmaría levantar asentamientos en el Bajo Llobregat para encerrarnos allí a los charnegos irredentos); más tarde repararon en Escocia; a continuación se fijaron en las repúblicas bálticas, a raíz de su separación de la Unión Soviética; sin solución de continuidad les dio por Quebec; acto seguido vinieron con la cantinela de que íbamos a ser igualitos que Dinamarca tras la independencia; y sin olvidar Andorra, ese pequeño oasis de la delincuencia fiscal que tanto gustan frecuentar las buenas familias del País Petit.

Aunque lo que nunca antes se había postulado, al menos que yo sepa, había sido el modelo de la India, Pakistán y Bangladesh como horizonte ideal para la Cataluña del futuro. Pero justo eso es lo que acaba de defender Salvador Illa en tanto que solución óptima para afrontar el problema de la vivienda que arrostra la comunidad merced a la inmigración masiva. Los catalanes deben "cambiar la mentalidad" en el ámbito de la vivienda, acaba de sentenciar. Y es que "tenemos que densificar tanto como podamos". El problema es que ya estamos densificados hasta la nuca; de hecho, estamos más densificados que nadie en Occidente.

Un dato: Nueva York, que parece una colmena humana en las películas, cuenta con 10.000 habitantes por kilómetro cuadrado. Bien, pues en Barcelona somos 16.000 por kilómetro cuadrado; y en la ciudad vecina, Hospitalet de Llobregat, más que doblan a Nueva York con sus 21.600 almas hacinadas como sardinas por kilómetro cuadrado. Pero Salvador Illa ansía que nos hacinemos más, mucho más, muchísimo más. Illa quiere que seamos Calcuta con farolas de diseño. Y pensar que eso había sido una cosa de sucios especuladores y de alcaldes franquistas del desarrollismo hasta que se le ocurrió la gran idea al presidente. Qué bien hice huyendo a Vilanova de Arousa.

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