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Si quieres eutanasia, tendrás Noelias

La idea de que un individuo toma la decisión de pedir la eutanasia con plena autonomía, capacitación y consciencia es una bonita idea imaginaria.

La idea de que un individuo toma la decisión de pedir la eutanasia con plena autonomía, capacitación y consciencia es una bonita idea imaginaria.
Un grupo de curiosos se reúne en el hospital donde se le ha practicado la eutanasia a Noelia Castillo. | EFE

La consternación que ha causado la eutanasia de Noelia Castillo será, probablemente, breve, como lo fue su vida, y es dudoso que haga surgir el debate que no hubo cuando se aprobó la ley. Los Gobiernos, el central y el catalán, no han hecho ninguna reflexión autocrítica y ahora están ocupados en atacar a Donald Trump, porque la Administración norteamericana quiere investigar las circunstancias. "Que Trump deje de meter sus narices", ha venido a decir, con su elegancia habitual, la ministra del perreo y también de Sanidad, Mónica García. No se puede esperar nada mejor de los fanáticos de la eutanasia que festejaron la muerte de Noelia: al fin, la parca puede cantar victoria frente a los Abogados Cristianos. Es el tipo de batallitas que les importan. Los conmovidos por el caso de la joven podrían dudar, quizá, de la bondad de una ley que, en general, apoyan, pero tienen la salida cómoda de ver este caso como un fallo del sistema y archivarlo como anecdótico.

La eutanasia de Noelia no es un fallo del sistema ni una rara anécdota. Es verdad que la Administración falló múltiples veces a lo largo de la corta vida de la joven, pero el proceso que conduce a la eutanasia no ha fallado en absoluto. No se aplicó mal ni se aplicó a quien no debe aplicarse. Es así. No ha sido un fallo del sistema; es el sistema mismo. Conviene ver lo que ha pasado en sitios como los Países Bajos y Bélgica, que nos llevan la delantera. Hace años, para escribir Morfina Roja, un libro sobre las prácticas del doctor Montes en las Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés, hice acopio de información y valoraciones sobre los efectos de la legalización de la eutanasia en distintos países o estados (en Oregón, por ejemplo) y tanto de partidarios como de detractores. Los datos, en todo caso, no admitían discusión. Cada vez se aplicaba más y cada vez se ampliaba más el radio de aplicación. De entonces acá, la tendencia no ha cambiado. En los dos países, ya pueden pedirla los menores, se ha aplicado a niños tan pequeños como de 9 y 11 años y se ha normalizado la "eutanasia psiquiátrica".

Aquello que la gente imagina cuando apoya que se legalice la eutanasia es el equivalente a un cuento de hadas. Suelen apoyarla más los jóvenes, que se ven lejos de la enfermedad y de la muerte, mientras que los viejos son más prudentes, porque temen que, de algún modo, alguien tomará la decisión por ellos. No andan descaminados. El que apoya la eutanasia cree que la piden sólo enfermos incurables en situación terminal, pero resulta que la van a pedir personas vulnerables, personas pobres o en dificultad económica, personas con depresión, personas con condiciones que pueden tratarse o mitigarse, pero a las que la eutanasia se les presenta como una salida de emergencia fácil y rápida. Sin contar a los que sufren presiones para que dejen de molestar.

La idea de que un individuo toma la decisión de pedir la eutanasia con plena autonomía, capacitación y consciencia es una bonita idea imaginaria. La realidad no es así de limpia. El individuo no es así de autónomo. Y el libre albedrío, en fin, es toda una discusión. La eutanasia genera incentivos difíciles o imposibles de controlar y casi todos conducen al mismo sitio. A más eutanasia y menos cuidados paliativos. A más eutanasia y menos tratamientos. En definitiva, a más eutanasia. De mucho de esto, el público tendrá la suerte de no enterarse. Un día, un caso como el de Noelia sale a la luz y la gente se conmueve, pero de la mayoría de las Noelias no se sabrá nada. No habrá un padre que intente detenerla, no habrá abogados ni litigio, no saldrá en las pantallas de televisión. La parte fea de la realidad permanecerá oculta y la "muerte dulce" le seguirá pareciendo una buena cosa a la mayoría. Pero los efectos son inescapables. Si quieres eutanasia, tendrás Noelias.

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