Colabora
Pedro de Tena

Mopongo: entre la cloaca y la tela de araña

Lo raro no es que Sánchez haya condenado a Montero a unas elecciones, peripecia que desconoce. Lo insólito es que ella no se haya zafado del cepo.

María Jesús Montero se dirige a los medios de comunicación durante su visita a la Feria de Abril. | EFE/ Julio Muñoz

Estaba escrito que esta nave en la que ahora navega Marichús, La Chiqui, Mopongo o como apoden en esta campaña electoral a María Jesús Montero no iba a llegar a buen puerto. Ella siempre ha surcado burocracias en las que nada como pez en el agua. Desde muy joven está uncida a cargos administrativos. Si se licenció en Medicina, no ejerció sino que se afanó en la gestión hospitalaria y luego en la administración de la Sanidad andaluza. De torvo recuerdo, por cierto.

Ella nunca ha formado parte de los entresijos de la vida interna del PSOE porque, en realidad, ella no fue socialista hasta muy tarde. Por ello, la osadía de mandarla al Sur en calidad de candidata conociendo de primera mano que no cuenta con el apoyo de muchos militantes y que nunca se había enfrentado a personas reales sino a estadísticas y fichas con nombres, apellidos y DNI pero nunca con cara ni ojos, puede pagarse cara.

Lo raro no es que Sánchez la haya condenado a unas elecciones, peripecia vital que desconoce. Lo insólito es que ella no haya percibido el peligro o que no haya podido zafarse del cepo protector del Puto Amo. Nada más llegar ya ha tenido refriegas internas y su inclinación al ordeno y mando porque ella lo dice ya le ha causado numerosos encontronazos con la vieja guardia de Susana Díaz, con la de Juan Espadas, con el santuario de Jaén y con Cádiz-Herzegovina, así llaman al PSOE de Cádiz, donde no ha podido imponer su Chiquicracia.

Con todo, esos problemas no son los más llamativos a pesar de que son evidentes y notorios. El PSOE andaluz, forjado a lo largo de más de 50 años de cultura organizativa vertical y jerárquica, puede terminar plegándose a la necesidad de obtener un resultado digno. Habrá, cómo no, quien prefiera un final infeliz para la "leona" (¿?) de Triana porque así esperan moverle la silla al Resistente cum fraude que quiso aniquilar al PSOE más bragado en bellaquerías que él mismo. Eso se paga alguna vez, ahora o en la eternidad.

No creo que haya ningún militante sensato y amante del PSOE que no haya reparado en que Mopongo de Triana es una pésima candidata, no sólo porque no controla el aparato interno ni a muchos de sus alcaldes, piezas claves cuando la Junta y la mayoría de las Diputaciones están en manos del PP. Tampoco es buena candidata porque carece de experiencia en este tipo de batallas y todos saben que tiene prontos bocabajeantes y arreflexivos. No pisar más que despachos desde 1986 —hace cuarenta años—, tiene costes marginales peligrosos.

Recuérdese cómo invistió a Juan Manuel Moreno como presidente de la Junta en plena campaña de Juan Espadas; cómo confundió millones de euros con miles de millones o le parecieron una bagatela nada menos que 1.200 millones, chiquicifras; cómo bautizó como derecha trifálica a la conjunción de Ciudadanos, PP y Vox —ahora dirá bifálica—, o cómo puso la mano en el fuego por los condenados por los ERE y otros dirigentes socialistas actualmente imputados. Tras su achicharramiento, viene ahora su cocinado a fuego lento.

Es, a poco que se piense, una candidata atrapada por la cloaca del PSOE de Madrid y su vertedero gubernamental, desde los negocios de la pandemia a los negocietes y negociados de Santos Cerdán, José Luis Ábalos y Koldo García, además de la losa que suponen los juicios pendientes de Begoña Gómez y el hermanísimo y las dudas sobre su papel en el caso Fiscal General y otros marrones.

Se ha visto enseguida la gravitación de alcantarilla que se cierne sobre sus albañales particulares, que se suman a la corriente general del fango sanchista. Se vio hace dos días en la Comisión de Investigación sobre la SEPI, en la que sus nombramientos y decisiones huelen tan mal que va a ser difícil que eluda la pesturria, precisamente en la campaña andaluza, porque algunos de los nombres relevantes de los implicados son amigos suyos de la tierra. Y ya ha mencionado a la bicha: "Está siendo víctima de una campaña de acoso electoral". Vaya ripio.

Además del cloacal que arrastra desde Madrid y el Ministerio de Hacienda, cuya presión fiscal saldrá más pronto que tarde en los debates electorales, en su trayecto le espera la tela de araña andaluza, de la que formó parte relevante durante muchos años, nada menos que 14, desde 2002, año en que se guisaron los delitos de los ERE, a 2018. Y no, no fue una subalterna, sino Consejera de aquella Junta corrupta y con mando en Hacienda durante cinco años en la apoteosis del trinque más grande jamás contado en Andalucía.

A poco que, por su derecha. Vox y PP comiencen a recordar cómo fueron las cosas en aquellos funestos años y a poco que su izquierda más honrada (no he dicho sensata), la de Adelante Andalucía, saque la artillería pesada, es imposible prever de qué calibre va a ser el desmoronamiento de unos votantes que, además de no explicarse qué hace ella en la candidatura, no entienden por qué se está sacrificando una federación hercúlea como la andaluza para servir a un Amo que, por lo que parece, quiere perderlas dejando a los cuadros altos y medios sin condumio ni escaño ni nada.

Qué bonito va a ser verla, tras el ataque de desesperación que le vendrá, llamar a la puerta de todos los personajes de la tela de araña andaluza, uno tras otro y por su orden. ¿Imaginan a Manuel Chaves en un mítin junto a ella? ¿Fantasean con un José Antonio Griñán, una Magdalena Álvarez o un Gaspar Zarrías, erudito en tela de araña y en cloaca, pidiendo el voto para ella?

Los ingenuos creen que las faenas más históricas de esta Feria de Sevilla las ha hecho Morante de la Puebla, herido de gravedad y todo. No, no, no. Es que este año hay otra Feria, la electoral, que durará hasta el 17 de mayo en toda Andalucía. Les apuesto lo que quieran a que en más de una ocasión Mopongo, Marichús o Chiqui, va a salir escoltada de la plaza del gran Sur por su incapacidad de lidiar a los dos candidatos relevantes, Juan Manuel Moreno y Manuel Gavira. Es que no está ni para una primera novillada y se sabe. Y, claro, así, un gran percance se presagia en el ambiente.

Temas

Ver los comentarios Ocultar los comentarios

Portada

Suscríbete a nuestro boletín diario