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Ciudadanos frente a la anormalidad

Porque el Gobierno de España no sólo es incapaz de resolver la crisis de Cataluña sino que trata de ocultársela a la Nación, Ciudadanos le retira su apoyo.

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Albert Rivera | EFE

La ruptura de Ciudadanos con el Gobierno de Rajoy es un parteaguas para la política española. La razón de esa quiebra no podía ser otra que España. Porque el Gobierno de España no sólo es incapaz de resolver la crisis de Cataluña sino que trata de ocultársela a la Nación, Ciudadanos le retira su apoyo. Su paciencia con Rajoy podría traducirse en imprudencia democrática. Me explico. El golpe de Estado dado por los independentistas catalanes contra la democracia española es más perverso que una revolución. Porque toda revolución o triunfa o fracasa; si tiene éxito, se instaura un nuevo orden legal; si fracasa, el orden legal existente se aplica con un nuevo rigor y severidad. Pero la actitud de los golpistas y, lo que es peor, del Gobierno no es una cosa ni la otra. A nadie se le ocultaba hasta ahora que no era fácil dar una salida a la situación creada. Se requería toda la energía de los tres grandes poderes, pero, salvo el compromiso de la Jefatura del Estado y los magistrados del Poder Judicial, el Ejecutivo y el Legislativo no han estado a la altura de las circunstancias.

Por fortuna, este miércoles en el Parlamento se dio un nuevo giro a la situación, porque Ciudadanos ha retirado definitivamente su apoyo al Gobierno de Rajoy por el fracaso de su gestión del 155. Comienza una nueva etapa para abordar con seriedad el golpe de Estado que ha pretendido suavizar el Gobierno de Rajoy con una política meliflua y displicente contra los golpistas. En efecto, el Gobierno de España, a pesar de contar con el apoyo de Ciudadanos y el PSOE, lejos de resolver con inteligencia y determinación los problemas derivados de la declaración de independencia de los golpistas, ha creado aún más problemas: negociaciones secretas con los golpistas, nombramientos cuestionables, vejación de las Fuerzas de Seguridad del Estado, declaraciones falsas de los ministros sobre las fuentes de financiación de los golpistas para organizar consultas ilegales sobre la independencia y, en fin, toda una serie de ineptitudes que han convertido la aplicación del artículo 155 de la Constitución en una pieza jurídica prescindible. El vaciamiento de esta norma constitucional será contada en el futuro por los historiadores de la democracia española como uno de los mayores atropellos contra nuestro Estado de derecho.

La situación es tan caótica que no hay día en que no salga una prueba más que demuestre la impericia del Gobierno para resolver la crisis. La última es terrible, según la Fiscalía General del Estado, ya se usó dinero del Estado para financiar los gastos del referéndum del 9-N. Es normal que Rivera diga hasta aquí hemos llegado: "Es una tomadura de pelo que no vigilen el dinero público". Por eso, nadie en su sano juicio político podrá seguir apoyando a un Gobierno que ha demostrado con creces su incapacidad para resolver la crisis catalana. La situación de extrema anormalidad en que está la democracia española en Cataluña es mucho más grave hoy que el uno de octubre de 2017, sencillamente, porque ya solo un partido puede resolverla. Sí, precisamente, porque solo Ciudadanos puede acabar con esta situación, le ha retirado el apoyo al Gobierno de España en la aplicación del 155 y se prepara para encarar su gran reto.

Sí, el paso dado por Ciudadanos es importante. Decisivo; esto no es retórica, nadie se engañe, de su éxito depende el futuro de España. O se acaba pronto con esta situación de anormalidad democrática o muere el régimen político del 78.

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