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Ciudadanos y la educación

A veces, cuando nuestros escolares leen, es a través de unos libros que los alejan tanto de la realidad como de la imaginación

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El programa educativo de Ciudadanos trae sentido común. Político. Me gustaría que profundizase en un asunto básico, a saber, por qué la lectura ha perdido en nuestras instituciones educativas la fuerza que le concedía la educación clásica, o mejor, por qué fracasan los sistemas de promoción de la lectura de nuestro sistema educativo. Tengo la sensación de que mucho de esos problemas procede de una separación tajante entre educación y cultura. A pesar de las iniciativas llevadas a cabo por los legisladores, los gobernantes y los profesores de España para integrar de modo pleno la lectura en el proceso educativo, tenemos que reconocer que no ha tenido los efectos deseados. La lectura ha quedado, a veces en una proporción exagerada, casi al margen de la educación reglada de los españoles.

No es, por desgracia, este asunto sólo un problema específicamente español: se diría que es un problema universal, que tiene su origen en un tipo de institución educativa empeñada en reducir la educación a mero didactismo, o peor, a transmitir unas técnicas, que consigan socializar, es decir, adaptar a los seres humanos a su entorno inmediato. No se trata, en verdad, de una educación para el futuro, para superar los males actuales, sino para adaptarse al presente por perverso que éste sea. En cualquier caso, parece obvio que la lectura, a pesar de todos los lamentos jeremíacos de los docentes españoles, no tiene un lugar preeminente en los esquemas educativos dominantes. Y, a veces, cuando nuestros escolares leen, es a través de unos libros que los alejan tanto de la realidad, de los problemas cotidianos, como de la imaginación. Triunfa la evasión. Desaparecen por completo la evocación, la narración o el verso de lo que está ante nuestra vista. Se oculta lo que está ahí para que no haya recreación. Nadie nos muestra los caminos para superar los males del presente. Entre la lectura de evasión y la lectura crítica, sin duda alguna, la institución educativa, que sólo se preocupa de la adaptación del educando al presente, opta casi siempre por la primera, por la lectura de evasión, quizá ahí resida el éxito de la actual literatura sajona de ficción, frente a una literatura que nos enfrenta con los problemas de la actualidad. De la "realidad real". De la vida.

No obstante, el problema no es elegir entre dos o más tipos de lecturas, sino que la educación contemporánea nos aleja de la lectura. La educación, en un determinado sentido, ha quitado el lugar, la base, de la lectura. Es como si no hubiera un suelo educativo para instalar la lectura. El asunto es grave, pero la forma de abordarlo tampoco parece que sea la más adecuada; así, la mayoría de las agencias de socialización educativa y cultural de nuestro país no indagan en la desvinculación de la lectura de nuestro proceso educativo.

España en este asunto no es una excepcionalidad; por desgracia, está plenamente integrada en un Occidente que renuncia a sus señas de identidad críticas y lectoras. Lamentablemente, entre los países occidentales, ocupamos un lugar destacado en ese empeño perverso por olvidarnos, definitivamente, de la educación como paideia, como una forma de vida integral imposible de concebir sin la lectura y, seguramente, también sin la escritura, para concentrarnos en el mero aprendizaje mecánico de técnicas que nos sirvan para sobrevivir en un presente más o menos dañino. Es imposible una genuina educación, una verdadera paideia, sin lectura.

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