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Agapito Maestre

De la inmediatez sin gozo a las elecciones

Sánchez ha perdido, o está a punto de perderla, la ilusión por la tiranía. Quiere volver a disfrutar de la vida como el resto de españoles.

Sánchez ha perdido, o está a punto de perderla, la ilusión por la tiranía. Quiere volver a disfrutar de la vida como el resto de españoles.
Detalle del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, durante el cierre de campaña del PSOE. | Europa Press

Sánchez está convencido de que no hay diferencias entre los gozos y placeres de un tirano y los disfrutes de los mortales sin poder. Más aún, si le hiciéramos la pregunta que Simonides le hizo a Hierón, según el delicioso relato de Jenofonte, sobre qué distingue la vida del tirano de la del particular en lo referente a los gozos y sufrimientos de los hombres, estoy convencido de que Sánchez, como su predecesor Hierón, nos convencería con sabias demostraciones de que la vida de un tirano, comparada con la de un particular, es tan desdichada que el tirano apenas puede hacer cosa mejor que suicidarse. En su caso convocar ya elecciones generales, o peor, no convocarlas. Si adelanta las elecciones, corre el riesgo de no disfrutar de unos cuantos meses más de poder; y si las retrasa, creará más caos, inclusive el PSOE podría desaparecer. Haga lo que haga, le saldrá mal. Convoque o no convoque, la cosa irá de mal en peor. Él lo sabe y está muerto de miedo. Su hiperactivismo es de cartón piedra. Faramalla para espantar el canguelo.

A poco que Sánchez se detenga a evaluar su paso por la Moncloa, o sus trabajos de ideología y gobierno, este hombre tendrá que sufrir y sufrir. Nada le sale bien, y nadie cree una palabra de su quincalla politiquera. Es incapaz de detener el deterioro de su partido. Su gobierno ha subvencionado a sinvergüenzas y delincuentes. Las encuestas le persiguen. La inflación le aturde. No entiende las luchas entre los miembros de su gobierno, por ejemplo, unos persiguen a los españoles por engordar y otras exhiben a la mujeres gruesas en su propagada. Recurre a sus viejos enemigos para que le auxilien y desplaza a sus amigos. Condenan a dos ex presidentes del PSOE y a no sé cuántos otros miembros de su partido por ladrones. Miente y desautoriza una sentencia del Tribunal Supremo. Tiene que recurrir a los indultos. Toda Europa apuesta por la energía nuclear y él sigue callado, etcétera, etcétera. Imagino que esta situación le habrá hecho perder el sueño y el apetito. Habrá olvidado cuales son las placeres más sencillos de los particulares: dar un paseo, hablar con los amigos, retozar con la parienta o, sencillamente, tomarse una caña en un chiringuito de la playa. Me da la impresión que nada de estos disfrutes y placeres puede lleva a cabo sin remordimientos nuestro nuevo Hierón, Sánchez el del Falcon.

Por eso, precisamente, porque sufre su tarea de desgobierno, está empeñado en decirnos que no sólo no hay diferencia alguna entre el poderoso y el paisano de a pie a la hora de los disfrutes, sino que los poderosos tiranos no disfrutan como los particulares. Me parece que Sánchez está entrando en una nueva etapa política: lucha denodadamente por ser un tirano benefactor, o sea un político que alguien le reconozca algo, pero lo cierto es que no puede salir a la calle a darse un paseo sin que le insulten. Trata de dar ejemplo para soportar las altas temperaturas y aparece sin corbata, pero el personal se cachondea del gesto y le afea que se traslade en un Super Puma para recorrer 25 km. ¡Botarate! Va a darle ánimo a las víctimas de los incendios y lo corren a insultos por los barbechos incendiados. ¡Aventurero ridículo! Trata de hacerse el bueno con los separatistas y lo desprecian. ¡Traidorzuelo! Quiere subir los impuestos a los bancos y a las eléctricas y le demuestran que la cosa es ilegal. ¡Ilegal! Y qué decir de la inflación, que crece y crece y tumba el mal rollo que se monta con la economía española. Y así suma y sigue. No da una a derechas. Es como si los españoles, generalmente acomodaticios y sosos por no decir algo más grave, ya le hubieran tomado la medida a este Hierón de pacotilla. Lárgate, le dicen por todas partes.

Ya nadie da un duro por Sánchez, salvo algunos de sus adversarios políticos y plumillas de todo a cien que están dispuestos a partirse el cuello por él. Sí, frente a sus adversarios políticos que insisten en el prejuicio popular de que la vida del tirano, y naturalmente de todos los tiranuelos que le rodean, es más gozosa que la del resto de los mortales sin poder, tengo la sensación de que Sánchez ha perdido, o está a punto de perderla, la ilusión por la tiranía. Este hombre está en retirada. Cuando menos lo pensemos, convoca elecciones, porque todo en su vida es un calvario, incluido el nuevo Fiscal General del Estado que protege a los etarras y persigue a sus víctimas. Sánchez, sí, quiere volver a disfrutar de la vida como el resto de españoles.

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