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Agapito Maestre

El 'blanquismo' del Gobierno

PSOE-Podemos conforman un monstruo político imparable. Funciona como una maquinaría de destrucción terrible.

Agapito Maestre
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PSOE-Podemos conforman un monstruo político imparable. Funciona como una maquinaría de destrucción terrible.
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias | EFE

Toda la política española es fea, incluido el modo de vestir de estos chamarileros políticos. Todo es horrendo. Predomina el desaliño y el cultivo de lo feo. El feísmo asqueroso es nuestro insoportable destino. Pero lo peor no es la estética sino la política. PSOE-Podemos conforman un monstruo político imparable. Funciona como una maquinaría de destrucción terrible y siempre bien engrasada por los separatistas y los viejos terroristas. Destruye todo lo que se cruza en su camino. Destruye hasta las huellas de su última y aparatosa destrucción. La covid-19 les ha venido de cine.

Tienen asustados hasta a los liberales de Vox, que ni siquiera fueron capaces de oponerse al atraco ideológico y, por supuesto, económico de la Renta Mínima Vital. ¡Abstención! Como no espabilen los de Abascal, cuando los peperos les aprueben los Presupuestos al dúo Sánchez-Iglesias, pueden acabar como los de Cs. Aquí no hay más democracia que la impuesta por estos dos aventureros del poder. Y el resto a tragar. Una nación moribunda, España, asiste a un nuevo brote del viejo mal español, casi hispanoárabe, porque se han impuesto las cuadrillas, las partidas, los barones autonómicos y los jefes de unos y otros, incluso el nombre de los partidos ya no cuenta. ¿Qué dicen los partidos políticos sobre la democracia y la política? Nada y, además niegan la posibilidad de que alguien ajeno al cotarro institucional opine y construya alternativas políticas, culturales y sociales.

Aquí no se mueve nadie. ¿Debates políticos? Ninguno, y menos al margen de las montoneras partidistas y sindicalistas. Todo es, sí, feo y pringoso. Todo está controlado por Sánchez-Iglesias, que si antes se disfrazaron con las caretas ideológicas de los viejos revolucionarios, ahora prefieren ocultarse bajo la máscara de la democracia. Los caciques de la derecha y de la izquierda solo rinden cuenta a la dictadura blanquista que han impuesto estos dos aventureros del poder. ¡Para qué citar las palabras del cacique Feijóo a favor del Gobierno! Los Presupuestos Generales del Estado puede que se aprueben por parte del PP, porque los barones autonómicos se lo impondrán a Casado. Sería el otro gran triunfo de Sánchez-Iglesias. Ante estos dos jefes montoneros nadie levanta la voz.

La poca democracia que había en España se acabó, pues, a primeros de enero de este año. Este Gobierno hace, como todos los blanquistas, una política pro proletariado sin obreros. Éste fue siempre el primer y, seguramente, definitivo paso a la dictadura. En este asunto el revolucionario Engels nos ilustró muy bien: "Blanqui es un revolucionario puramente político (…) De su concepción se desprende la necesidad de una dictadura después del triunfo del golpe de Estado revolucionario". Por estos andurriales ideológicos Blanqui fue, sin duda alguna, el antecedente de Lenin. Y es lo que vivimos los españoles, aunque en términos blandos, desde que dieron el golpe de Estado los separatistas catalanes. No exagero, queridos lectores. Esto se parece más de lo que creen a una dictadura. ¿Separación de poderes? Para qué responder. En varías comunidades autónomas no puede ya estudiarse en español…

Sin embargo, muchos ciudadanos creen que el Gobierno blanquista desaparecerá pronto, porque sufre una profunda crisis ideológica y moral. Algo parecido dijo en el Congreso la señora Álvarez de Toledo. ¡Mucho le importará a esta gente la moral! Y luego están quienes se mueven por los negocios del poder, como es el caso del dúo González y Cebrián, que tratan de remover del poder, o al menos detener algunas de las tropelías del Gobierno blanquista, con el argumento que algunos utilizamos hace cinco años y exclaman:

Hay quien piensa que el Gobierno es rehén de Venezuela debido a la presencia de Podemos, pero la mayor amenaza que puede esgrimir Caracas es desvelar la naturaleza oculta de las gestiones de Zapatero con Maduro o el origen de los millones de dólares depositados en Suiza por su antiguo embajador [Raúl Morodo].

Me parece que González y Cebrián, por desgracia, han llegado demasiado tarde. El monstruo, la maquinaria de destrucción, Sánchez-Iglesias tiene su propia autonomía. Prisa ya es poca cosa al lado de Zapatero, Roures y todos sus medios de comunicación.

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