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El discurso de Arrimadas

La libertad es más que posible. Es real. Es plausible reformar España. Ciudadanos había conseguido detener al secesionismo.

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El parlamento de Cataluña acogió por fin un gran discurso político. Será una pieza de referencia democrática para todos los españoles. No creo que la historia reciente de esa institución tenga alguna pieza de oratoria política equiparable a la de la señora Arrimadas. Es digna de ser estudiada en todos los centros de educación y formación democrática. La defensa de la españolidad de Cataluña fue tan inteligente como la de su antecesor en el puesto, Albert Rivera. El discurso de la jefa de la oposición fue de tal entidad que salvó del abismo político y la chabacanería intelectual a una institución, la Generalidad, que estaba permitiendo a los golpistas asesinar todo aquello que les daba vida: el autogobierno. La propuesta de resolución separatista fue contestada con tal inteligencia que nadie en su sano juicio, después de leer este discurso, dejará de sentir vergüenza a la hora de decir que Cataluña no es España. Las palabras de Arrimadas quedarán gravadas en la memoria de las próximas generaciones de españoles: demostró con inteligencia de estadista la carencia de sentido histórico y significado democrático que tiene esta resolución de independencia de Cataluña de España. Ni histórica ni políticamente tiene viabilidad Cataluña sin España.

Inició su intervención con una alusión a la Constitución de Cádiz y mostró con sutileza de filósofa que los separatistas estaban asesinando la institución más importante de la democracia en Cataluña: el autogobierno. La autonomía política había sido más que cuestionada, estaba gravemente herida, a la par que fragmentaba a la sociedad en dos partes que tardarán mucho tiempo en reconciliarse. Un discurso tan sólido como el de Arrimadas parecía que estaba tejido en la reflexión y la experiencia de Ciudadanos, desde su fundación en 2005 hasta hoy. Algunos puntos son inolvidables. Grandes lecciones de ciudadanía. De democracia. Necesarias de repetir en un país tan necesitado de pedagogía política.

Una lección de filosofía política que no deberían olvidar sus conciudadanos es la referida a los derechos, que son siempre de los individuos, jamás de los territorios. Es un sinsentido atribuir a las cosas y los objetos características humanas. Mostró, como si se tratara de una filósofa del derecho, que el gobernante que se salta la ley, que no quiere dar cuenta de sus decisiones ante la justicia, es un presunto delincuente. Quizá por eso vayan a la cárcel muchos de los que votaron saltarse las leyes de la democracia. Y, como si fuera la mejor psicóloga de la sociedad, nos enseñó que está fuera de la realidad, casi bordeando la locura, quien incluso se salta las propias reglas que se ha impuesto a sí mismo. Fue rebatiendo, uno por uno, todos los engaños y mentiras de los nacionalistas. Sintetizó con coherencia argumentativa todas las contradicciones y trampas del proceso separatista y sus impulsores. Centró una buena parte de su discurso en mostrar que la "huida adelante", la deriva golpista del nacionalismo, estaba impulsada por la corrupción y todos los procesos judiciales en que se encontraban envueltos la familia Pujol y Convergencia del 3%, e ironizó con inteligencia, dirigiéndose, a Mas: "No tienen diputados ni para cambiar el Estatut, no tienen mayoría y no tienen razón". Sin mayorías parlamentarias sólidas, sin mayorías sociales y sin mayor "razón" que la sinrazón de un sentimiento local envilecido, la acusación de Arrimada estaba plenamente razonada: Junts pel Sí y la CUP quieren sacar a los catalanes de España y de la Unión Europea, a la que calificó de "mayor espacio de derechos y libertades del mundo". En fin, en cuanto a la propia declaración independentista, deberían repetir quienes se consideren, de verdad, ciudadanos, las palabras solemnes de Arrimadas: "Es un desprecio a la sangre, el sudor y las lágrimas de miles de españoles que han conseguido la igualdad y la democracia".

Mientras escuchaba a la joven dirigente de Ciudadanos sentí que la política nos hace, en verdad, genuinamente humanos, en el sentido aristotélico de la palabra. Arrimadas no sólo me representaba políticamente, no era sólo una dirigente representando a millones de seres humanos, sino que me daba alas para seguir creyendo en nuestra débil democracia. La libertad es más que posible. Es real. Es plausible reformar España. Ciudadanos había conseguido detener al secesionismo. Sentí que la democracia española, como todas las democracias, no pueden estudiarse si tener en cuenta su contrario bárbaro, el totalitarismo. Gracias al discurso de Arrimadas contemplé las dos caras de la política moderna, el totalitarismo y la democracia. Además, hubo algo que percibí con precisión, casi con la iluminación de un perplejo, era posible que una iniciativa ciudadana, de ciudadanos españoles, estuviera terminando con la estrecha alianza que se había establecido en Cataluña entre el populismo y el nacionalismo. Sentí que, desde Cataluña, la democracia española podría regenerarse. La prueba era el discurso de Arrimadas: una síntesis de diez años de luchas. Ciudadanos nació de una sociedad civil extremadamente débil, pero ha conseguido fortalecer esa sociedad y, además, crear un partido político que puede liberar a los catalanes del nacionalismo y al resto de los españoles del bipartidismo y la corrupción.

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