
EEUU está ganando la guerra contra Irán. Ha conseguido frenar el instinto criminal del régimen iraní. Ha logrado hablar con la gente más 'civilizada' de ese sistema. Ha detenido el mayor de sus peligros: la fabricación de la bomba atómica. Sin arma nuclear Irán no existe. Desaparecerá, tarde o temprano, el entramado gubernamental y religioso de ese sistema antioccidental, bárbaro y terrorista. Trump está ganando. Administra la victoria de EEUU con un Memorándum de entendimiento para alcanzar la paz, pero nadie descarte que el propio Trump ordene, un día después de las elecciones de mitad de mandato, un ataque final a Irán por aire, mar y tierra. Es posible que veamos tropas terrestres de EEUU en el interior del territorio iraní. La posibilidad es real. Complicadas son las negociaciones para firmar un 'alto el fuego', pero Irán caerá.
Y es que la antigua Persia, como dijera Jenofonte en el siglo IV a. C., "será para el que tenga el valor de atacarla". Alejandro Magno, un par de décadas más tarde, popularizó esa expresión con su acción en ese lugar donde yace, como afirma el general Dávila, el fósil de la guerra. La Anábasis de Jenofonte, uno de los libros de historia más brillantes de la Antigüedad griega, fue utilizado por Alejandro como texto militar de cabecera; todavía hoy nos puede enseñar algo para terminar con el enemigo iraní. La Administración de Trump, especialmente su diplomacia, conoce bien todo lo que atesora ese libro. Sabe que para Jenofonte el alto el fuego, la tregua, el acuerdo y el armisticio no son vistos como instrumentos de paz real, sino como tácticas de engaño, manipulación y guerra psicológica por parte de Irán. La trama de los libros II y III de esta obra gira en torno a cómo los persas utilizaron un tratado formal de no agresión para desarmar psicológicamente a los griegos y, posteriormente, descabezar su liderazgo mediante la traición. Exactamente eso es lo que hoy pretenden hacer los iraníes con el Memorándum de entendimiento con EEUU pendiente de firma.
Entramos, sí, en esa fase de acoso y derribo del ganador, que no es otro que Trump, al que se le culpa de todos los males del mundo. Los torpes analistas españoles de política internacional se suman a esa campaña con sus gritos de falsa desesperación: "Trump se baja los pantalones", "debería rematar a los ayatolás aunque mueran miles de soldados yanquis", "el cesarismo de Trump ha fracasado", etcétera. Nada. Humo provocado por el Partido Demócrata de EEUU para ocultar lo decisivo: el régimen tiránico de Irán no tiene escapatoria. Solo la perversidad de la UE, seguidora ridícula de las consignas del Partido Demócrata y todas sus agencias políticas y mediáticas, está dando oxígeno a un régimen en pleno desmoronamiento. Repiten contra Trump las consignas que emanan del The New York Times.
En España, ejemplo máximo de seguidismo del izquierdismo norteamericano, pocos medios de comunicación se privan de lanzarse a la yugular de Trump. La mayoría de los titulares de prensa provocan vergüenza ajena en cualquier persona acostumbrada a razonar con categorías de sentido común. Sobresalen aquellos que repiten que Trump ha convertido Irán en su Afganistán particular. Por favor, amigos, un poco de sindéresis... Nadie tiene la última palabra en esta guerra. Quizá Trump haya 'cedido', dado una 'tregua', por razones electorales. Quizá haya oído las protestas de sus ciudadanos por el precio de los carburantes y el aumento de la inflación en su país provocados por esta guerra. Quizá Trump haya dado un golpe de timón a su política de guerra, asunto que no descarto, porque esté hartándose de la cobardía de sus socios europeos. Pudiera ser que Trump por todos esos motivos, y otras mil razones desconocidas que no hacen al caso mencionar, esté buscando hoy con más determinación que ayer un acuerdo de entendimiento con Irán. ¡Quién lo sabe!
Pero una cosa es clara, aunque traten de ocultarla los críticos a palo de Trump, para evitar una escalada militar definitiva antes o después de noviembre —es decir, nada más terminar las elecciones de medio mandato—, la Administración estadounidense exige a Irán concesiones críticas e inmediatas: primera, el cierre definitivo del programa nuclear con la entrega obligatoria de todo su uranio enriquecido; segunda, la reapertura y libre tránsito del Estrecho de Ormuz, bloqueado intermitentemente por el conflicto y vital para el mercado energético mundial; y tercera, el desmantelamiento del programa de misiles balísticos, así como el cese del apoyo financiero a sus milicias aliadas en la región. En resolución, puede que Trump esté 'conteniendo' su política de guerra hacia Irán por motivos electorales domésticos, o por otras causas desconocidas, pero lo fundamental es que si las negociaciones diplomáticas actuales colapsan en los próximos días o semanas, se reanudarán los ataques. Poco importa el plazo de 60 o 90 días... Trump se reserva siempre el derecho de intervención en Irán cuando más le convenga.
Esto aún no ha terminado, porque ni Trump es Ciro —asesinado por los persas aunque su ejército ganara todas las batallas—, ni los 'historiadores' de hoy —analistas de política internacional— se parecen en nada a Jenofonte, que no solo hizo la historia de esas batallas, sino que pasó de ser soldado raso a general para conducir a sus Diez mil mercenarios desde la oscuridad del Imperio persa a la luz de Grecia, o sea, de la civilización occidental.
