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El martillo de la democracia

Ganará quien mejor maneje el juego sucio dentro de la organización.

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Robert Michels y Moisei Ostrogorski nos lo enseñaron al comienzo del siglo XX con inteligencia, ciencia y paciencia. Nadie confunda la moral con la política. Nadie oculte la lógica de dominación de un partido político presentándolo como una ejemplar institución democrática. Nadie se engañe exigiendo democracia en el interior de los partidos. Esos son meros deseos. Humo. El pluralismo del sistema de partidos tiene que convivir con organizaciones políticas que tienen como principal objetivo la dominación de los elegidos sobre los electores. En otras palabras, las leyes de la táctica, y la fundamental de todas ellas no es otra que la disposición o capacidad ilimitada para el ataque, son las únicas que rigen en el interior de los partidos políticos.

Sánchez es un ejemplar político que ha seguido a rajatabla a Michels. También Rajoy siguió al pie de la letra el manual de Michels: quien dice organización, partido político, dice oligarquía. La primera lección de Michels es seguida con delectación por nuestros políticos: el jefe elimina cualquier disidencia sin importarle el precio que pague la organización. El manejo de la ley de Michels por parte de Rajoy ha sido tan impresionante como los resultados: llegó a un partido unido, coherente y en alza, pero lo ha dejado fragmentado, enfrentado y a la baja. Eso se llama utilizar una organización solo y exclusivamente para su provecho. El otro gran fiasco que deja Rajoy es la lucha a muerte por controlar la organización entre seis candidatos. ¡Se dice pronto! Seis candidatos para presidir un partido de gobierno es algo inimaginable en los países de nuestro entorno. España es diferente. Esto podría acabar en tragedia. Acabará en tragedia, sin duda alguna, para algunos de los que se presentan.

¿Quién ganará? Escrito está por el citado Michels: quien más y mejores aptitudes tenga para el ataque. Las organizaciones políticas son martillos, repetía Michels una y otra vez, en manos de sus gestores. Ganará quien mejor maneje el juego sucio dentro de la organización. La democracia es inservible, por lo tanto, para el uso doméstico de los partidos políticos. ¿Quién ha asimilado mejor las enseñanzas de Rajoy de estos seis candidatos?, ¿quién ha sido el mejor entrenado para eliminar a sus correligionarios? No lo sé, pero tengo la sensación de que ganará quien esté dispuesto a llevar hasta sus últimas consecuencias la ley fundamental de la táctica que rige en todos los partidos políticos: matar a todo posible competidor en la jefatura del partido, empezando por el jefe anterior, sin importarle el precio que pague la organización, aunque en este caso pueda ser la fragmentación. En fin, hoy por hoy, tengo la sensación de que la exvicepresidenta del Gobierno es la que mejor maneja las leyes de la táctica del martillo de la democracia.

¡Al tiempo!

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