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Agapito Maestre

Entre Sánchez y Feijóo, un gran interrogante

La actitud de Feijóo es incomprensible, salvo que estemos asistiendo al primer acto de una comedia que nos conducirá a una tragedia.

La actitud de Feijóo es incomprensible, salvo que estemos asistiendo al primer acto de una comedia que nos conducirá a una tragedia.
Alberto Núñez Feijóo. | Archivo

Entre la banda de Sánchez y Feijóo hay algo que no entiendo. Me explico. Volvamos al origen del jefe de la banda para hallar claridad. No confundamos las causas con los efectos. Sánchez es el resultado de Rajoy. La maldad de Rajoy fue causante de la vileza de Sánchez. Por eso, seguramente, el jefe actual del Ejecutivo ha insultado en el Parlamento a Rajoy llamándole mangante. Todo lo malo que sucede en el CNI y, por supuesto, en el Gobierno, según el presidente del Ejecutivo, tiene su origen y final en el Gobierno de Rajoy. La maldad fue sustituida por la vileza sin pasar, como le gusta a la ministra de Defensa, por ceses y destituciones. Quien negara la política, Rajoy, impulsó al poder a un sujeto que está terminando con la credibilidad de las instituciones políticas. La responsabilidad máxima de todo lo ocurrido en el CNI, a ojos de toda la opinión pública, tiene un responsable único: el presidente Sánchez, pero él se lo atribuye a Rajoy. De traca.

Este suceso ilustra, una vez más, la terrible doble trayectoria de Sánchez: la ambición personal de este aventurero no puede desligarse de un proyecto autoritario a costa de las instituciones del país. La institución del Gobierno es la más deteriorada, porque Sánchez ha reducido su funcionamiento a puro decisionismo. No hay justificación de ninguna de las medidas, o peor, cuando se intenta razonar, según los parámetros mentales de la señora Robles, la cosa resulta penosa; la actitud sumisa de la ministra de Defensa es para sentir vergüenza ajena. La arbitrariedad de Sánchez determina toda la vida pública española y buena parte de la privada. La ilegalidad, el abuso de poder y la parcialidad en todas las acciones del Gobierno son la base de la desaparición de la democracia.

En eso estamos. Y no parece que esto tenga arreglo a corto plazo, especialmente si nos atenemos al poco éxito de la oposición para hacer cambiar la dirección gubernamental. Sánchez llegó al poder por la ineptitud de Rajoy, sigue en el poder por tipos como Casado, en particular, y por una oposición inepta y poco eficaz para echarlo. Sí, Sánchez sabe bien que cada día que aguante en la poltrona, en un país con una sociedad civil tan débil como la española, está deslegitimando a la oposición. Pero a Sánchez, nadie se engañe, no le da igual todo, como creen algunos ingenuos. No todo empieza y acaba en su interés personal. No. Hay algo más grave. Existe un objetivo político: destrozar el entero sistema democrático. Sánchez es más que un aventurero; detrás de él hay gente muy poderosa, están en todas las grandes instituciones del Estado y la sociedad, incluso ocupan puestos de relevancia en instituciones cercanas al PP, cuyo único objetivo es acabar con la oposición, o peor, marcarle el paso a Feijóo para acceder al poder. Es como si Feijóo, por decirlo brevemente, tuviera que seguir el designio marcado por los enjuagues políticos, llevados a cabo en lo privado y en secreto, entre los hombres más poderosos del sistema político, económico y social.

Quizá por todo eso, por esos trapicheos subterráneos entre las elites políticas socialistas y peperas, me resulta extraño que Feijóo diga que él no viene hacer oposición sino a presentar una alternativa. No entiendo por qué se separa una cosa de la otra. Es incomprensible a no ser que esté jugándose un partido a puerta cerrada y sin público entre el individuo que trajo Rajoy, Sánchez, y el sucesor de Casado, Feijóo… No quiero pensar mal, pero tampoco entiendo la actitud del PP con la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). No entra en cabeza de nadie con sentido común que el PP esté exigiendo ya elecciones generales, incluso cuestionando cualquier tipo de negociación con un Gobierno sin legitimidad, pero a la par siga negociando con el Gobierno de Sánchez la composición de los miembros del CGPJ. Feijóo ha llegado a decir hace unas horas que asistimos a una crisis de Estado con un presidente del Gobierno "desorientado, superado por los acontecimientos, pillado en sus propias contradicciones y chantajeado una vez más por sus socios independentistas". Y, sin embargo, en esa misma rueda de prensa no ha desmentido que siga negociando con Sánchez cuestiones fundamentales para la supervivencia de la democracia. La actitud de Feijóo es incomprensible, salvo que estemos asistiendo al primer acto de una comedia que nos conducirá a una tragedia titulada De Sánchez a Feijóo para seguir en lo mismo.

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