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Agapito Maestre

España vence

Gran política sería si PSOE y Cs formaran un Gobierno en coalición, porque harían aún más irrelevante a Unidas Podemos y podrían atajar el golpismo catalán con firmeza.

Agapito Maestre
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EFE

La indeterminación democrática casi siempre nos depara novedades. Sospecho que todavía muchos analistas políticos, dispuestos a que la realidad jamás les arruine un titular o que los hechos evidentes hagan desaparecer sus pobres esquemas ideológicos, y mucha gente de buena fe, que se mueve más por una ética de la convicción que de la responsabilidad, seguirán obstinados a la hora de mantener que aquí todo sigue más o menos igual que antes del 28-A. Su obstinación se basa en un elemental razonamiento: han vuelto a ganar en las urnas los que antes echaron a Rajoy con una moción de censura. Eso es cierto. Esta votación ha legitimado al partido que impulsó la famosa moción de censura que Rajoy, digámoslo ya sin tapujos, se dejó ganar de un modo tan grosero que está a punto de acabar con su propio partido, el PP, pero no es menos cierto que los resultados son tan extraordinariamente sorprendentes que ahora el PSOE, sí, el PSOE de Sánchez, puede prescindir de quienes le prestaron su apoyo para derribar al PP de Rajoy. He ahí el asunto determinante de esta votación.

Seamos, pues, realistas. Levantemos acta de lo sucedido. Los resultados del 28-A traen varias novedades que serán duraderas. Seguramente la más importante, que no entraba dentro de los pronósticos más críticos y pesimistas sobre el futuro de la nación española, se refiere a la ruptura o quiebra de los dos grandes bloques sobre los que giraba la política española. El sistema político pluripartidista de nuestra democracia aparecía arruinado por esos dos grandes bloques o frentes que, más pronto que tarde, harían imposible la regla fundamental del sistema liberal y democrático: la convivencia con el enemigo político. Pues bien, eso, la política de bloques, creo que ha terminado el 28-A, sencillamente, porque el PSOE ya no necesita de la ayuda, hasta ahora imprescindible, de los golpistas catalanes y de los podemitas; por esta parte, el llamado frente de la izquierda está quebrado, absolutamente roto, porque el PSOE no se jugará su prestigio socialdemócrata presentándose en Europa cogido de la mano de los chavistas de Podemos o los golpistas de Junquera. Sánchez tiene las manos libres para hacer política. De momento, y no es menor su éxito, ha conseguido que los separatistas no acaben con él como liquidaron a Rajoy.

Del bloque de la derecha se podría decir algo similar. También está fragmentada para el futuro esa posible coalición a la andaluza, sencillamente, porque la derrota del PP es tan espectacular que lo convierte en una fuerza política que no suma con nadie. Por otro lado, el crecimiento de Cs es tan firme, y la irrupción de Vox tan potente, que, además de ilusionar a sus votantes, permite a sus respectivos líderes imaginar unos futuros escenarios políticos sin el PP; así, Cs podría pactar con el PSOE en un futuro próximo, algo, dicho sea de paso, que sólo un moralista, o peor, un fanático político pondría en duda; así, Vox se plantea su tarea de oposición en el Parlamento como el mejor camino para sustituir al PP. Y así la sabiduría popular, desgranada en sentencias y refranes, derrama por todas partes que cada partido se lame sus heridas como puede y no se hipotecará ninguno de ellos con políticas de bloques. Pero si necesitan algún argumento más para saber que el bloque de la derecha está roto, analicen los ataques de Pablo Casado contra el líder de Vox, Santiago Abascal, y el desprecio que mostró por Cs durante toda la campaña electoral, pues que apenas utilizó las bondades que había traído para Andalucía el pacto entre PP y Cs.

Así las cosas, me ratifico en lo que escribí la noche del 28-A: gran resultado para los golpistas. Esa es la tragedia. El PSOE ha ganado las elecciones. La única salida grande, de genuina política, es que pudiera haber un Gobierno de PSOE y Cs. El PSOE puede hacer lo que le dé la gana. El PP fue derrotado estrepitosamente. Los resultados de las votaciones son tan nuevos como viejos. Y paradójicos. Muchas novedades hay para analizar, pero la más importante, reitero, es que se ha roto la ideología de frentes y aparece la política de convivencia con el enemigo. Ojalá la lucha agonal sea sustituida por el realismo político. La política. Y política de altura es, primero, la aparición importante de una nueva fuerza política, Vox, que ha puesto patas arriba no sólo la defensa de la nación española sino el rollo de lo políticamente correcto; Vox nos permitirá hablar de todo hasta el punto de que será el factor más importante de regeneración de la derecha española. Y gran política sería, en segundo lugar, si PSOE y Cs formaran un Gobierno en coalición en el futuro, porque harían aún más irrelevante que ahora a Unidas Podemos y podrían atajar el golpismo catalán con firmeza.

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