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Agapito Maestre

Hacia un Gobierno tripartito

Si de los debates entre los candidatos en la televisión tuviéramos que extraer una predicción, diríamos que el domingo saldrá de las urnas un Gobierno de España a la andaluza.

Agapito Maestre
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Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal | LD

Histórico será el regalo de Rivera a Sánchez en el debate del día 23. Histórica será la injusta decisión de la Junta Electoral Central de no dejar a Vox participar en las discusiones entre partidos en la televisión pública y en la cadena privada de Atresmedia. Y, sin duda alguna, será histórica la carencia de criterio, la falta de inteligencia política y la escasez de recursos intelectuales de los contendientes en los debates para definir con claridad y contundencia qué idea tienen del Estado democrático en la nación española.

El regalito de Rivera al presidente ha sido la mejor demostración de quienes mantuvimos la sencilla tesis de que a Sánchez le venían muy mal esos debates, entre otros motivos, porque él se había resistido con todas sus fuerzas a discutir con los líderes de los otros partidos. E incluso consiguió rehuir el debate cara a cara con el líder del partido político más votado de la legislatura, el PP, una cobardía, dicho sea de paso, que también pasará a la historia de nuestra democracia. El regalo de Rivera ha puesto de manifiesto por qué Sánchez se resistió tanto y con tal malos modos a asistir a los debates de TVE y Atresmedia. Era consciente de que tenía mucho que perder. ¿Cuál es la principal cualidad de Sánchez? Su determinación. Es un hombre que cree en sí mismo y no tiene miedo a nada. No le importan los medios para conservar el poder. Vendería su alma por el poder, pero no es buen parlamentario, no habla bien y, además, no tiene nada que decir. Es un aventurero. Sánchez es, sin duda alguna, el más débil de todos los contendientes.

Por eso hicimos la predicción de que Sánchez no ganaría los debates, o sea, Albert Rivera y Pablo Casado han triunfado, aunque el primero ha demostrado ser un hombre más rápido y eficaz en su argumentos que el segundo. Rivera lo bordó, quizá en el primer debate le sobró el último minuto, pero en el segundo le basto el regaló que le hizo a Sánchez para pasar a la historia. Ojalá eso le sirva para recuperar los votos que ha estado perdiendo a chorros en los últimos meses por su obstinación ideológica ante Vox, que lo ve antes como un enemigo irreconciliable que como un posible socio de gobierno. ¿Qué decir de Iglesias? Nada. Hace tiempo que se marginó. Ya no cuenta. Su transformación ideológica es mero transformismo de cartón piedra. Es patético pasar de la noche a la mañana, sin explicación alguna, de reírse de la Constitución del 78, más aún, de pretender destruirla, a convertirse en en su mayor defensor. ¡Pobre! Farsante y ridículo.

Así las cosas, quizá haya sido Vox el partido que mejor parado ha salido de esos debates. La injusta resolución de la Junta Electoral Central de prohibir su presencia en la tele quizá le venga bien. Ojalá podamos afirmar el domingo por la noche que nunca una ausencia tuvo tanta presencia. Pero una cosa es indudable: perdimos todos los ciudadanos, porque unos jueces extraños y destrabados nos privaron de escuchar a un líder, seguramente el único que ha dejado claro la idea que tiene del Estado dentro de la nación española. Podrá gustar más o menos su idea de una España sin autonomías, pero es el único que, a diferencia de los otros partidos, sabe transmitir qué España quiere.

En resolución, si de los debates entre los candidatos en la televisión tuviéramos que extraer una predicción, diríamos que el día 28 de abril saldrá de las urnas un Gobierno de España a la andaluza.

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