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Agapito Maestre

Insoportables almas bellas

Pedir el indulto para Griñán por "piedad y equidad", olvidándose del resto de condenados, es una inmoralidad que a nadie se le pasa por alto.

Pedir el indulto para Griñán por "piedad y equidad", olvidándose del resto de condenados, es una inmoralidad que a nadie se le pasa por alto.
José Antonio Griñán | EFE

Débiles argumentos jurídicos ofrecen los 4.000 firmantes de la petición de indulto para Griñán. Sus pobres razonamientos matan el derecho, entre otras razones, porque reducen la justicia a mera legislación. Les basta un apartado de un reglamento de quinto orden que justifique el indulto para instrumentalizarlo a favor de Griñán, naturalmente, olvidándose de su posible aplicación al resto de los condenados por robar millones de euros de las arcas pública. Aún son más débiles los argumentos éticos esgrimidos en la demanda al Gobierno, porque supeditan la universalidad de la norma moral a una casuística irracional y sensiblera, que imposibilita, según mis entendederas, tratar con sindéresis un sentimiento digno de soportar el entero sistema de una ética materialista: la compasión ante el dolor de nuestros semejantes. Y aún son más frágiles los ideológicos y reaccionarios "razonamientos" y balbuceos políticos, que rozan la desvergüenza y la pura arbitrariedad de llegar a pedir el indulto porque el delito de un "político del PSOE" es infinitamente menor que el de cualquier otro individuo; incluso no se cansan de citar la "amplia y limpia" trayectoria de toda la vida política de Griñán. ¡Cuánto descaro y arrogancia!

Y luego están quienes mezclan las consideraciones jurídicas con las motivaciones políticas y morales para terminar pidiendo por piedad y equidad el indulto para Griñán. Un caso ejemplar de este tipo de explicación ideológica es el llevado a cabo por el amigo Nicolás Redondo Terreros, un personaje, más que creíble, respetable por su trayectoria política. Lejos de mí despreciar de entrada sus razonamientos por haberse criado y, por supuesto, haber desarrollado toda su vida pública en los ámbitos del PSOE. Sí, porque no es Redondo un militante aborregado y fiel seguidor del jefe de turno, merece la pena leer sus textos e incluso discutir sus retóricos argumentos. Me acerco con empatía a su último artículo de El Mundo, cuyo título, Una cuestión compleja, ya refleja las serias y dramáticas dudas por las que habrá pasado el autor para poner su nombre a la petición de indulto para Griñán.

Sin embargo, no puedo decir otra cosa que no sea expresar mi absoluta discrepancia con el articulista. El problema de fondo que plantea Redondo para pedir el indulto es falso: la comparación entre el indulto a los golpistas catalanes y el posible indulto a Griñán no tiene pies ni cabeza tanto desde el punto de vista jurídico como desde la perspectiva moral y política. Son asuntos extremadamente diferentes. Si casi toda comparación es odiosa en asuntos que tratan de la conciencia moral de los individuos, en el campo que nos ocupa es retórica, o peor, absolutamente arbitraria, porque pedir el indulto para Griñán por "piedad y equidad", olvidándose del resto de condenados, es una inmoralidad que a nadie con sentido común se le pasa por alto. En fin, amigo Nicolás, se te agradece el esfuerzo por argumentar, pero no puedo compartir la baja calidad de tus "razones" morales, jurídicas y políticas.

A pesar de todo, prefiero a un socialista, como Nicolás, pidiendo el indulto para un delincuente y correligionario socialista, que a las almas bellas que han firmado el papel de los 4.000 por debilidad moral y mental. Sí, las desventuradas y desgraciadas almas bellas, que tan bien estudiaron Goethe y Hegel, han querido abandonar su patético estado de incertidumbre melancólica a través de la petición de indulto a un delincuente más o menos honorable. Mala cosa. Se han equivocado. Quisieron abandonar su lamentable estado de ridículas almas bellas con un compromiso retórico y han fracasado. Han querido alienarse, mancharse, en fin, ser algo con otros, pero en el camino han sido descubiertas por Nietzsche: detrás de su "íntima pureza" y pretendida inocencia sólo se esconde una inequívoca voluntad de poder. ¿O quizá, mi querido Savater, me equivoco? ¡Quizá exista otra explicación más plausible para dejar de ser alma bella sin caer en la voluntad de poder!

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