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La agenda Jové

Josep Maria Jové pasará a la Historia por haber descrito con pelos y señales una trama civil para acabar con la libertad política de todos los españoles.

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Nada tengo contra los asesores políticos. Es un noble oficio. España en sus mejores tiempos tuvo ilustres hombres dedicados a este menester. Quevedo, Justo Lipsio, Fadrique Furió Ceriol, Álamos de Barrientos, Antonio de Herrera, Saavedra y Fajardo, Pedro de Rivadeneira y Antonio Fuertes Biota son unos cuantos nombres ilustres, en el ámbito de la historia de la literatura y de la política españolas, que conforman una larguísima lista de autores dedicados al asesoramiento político, incluso a alguno de ellos ser fiel a su oficio le costó años de persecución, destierro, prisión y, a veces, la muerte. Antonio Pérez quizá sea uno de los más famosos. Hoy, en España, hay miles de asesores políticos; quizá no sean tan importantes como los citados, pero, desde luego, ya hay uno que pasará a la historia por haber descrito con pelos y señales una trama civil para acabar con la libertad política de todos los españoles. Se llama Josep Maria Jové. Era la mano derecha de Oriol Junqueras. Su agenda Molekine es más que un cuaderno de notas privadas para ser publicado en su feliz vejez. Son las actas de un crimen contra el Estado. No sé si este hombre está en la cárcel, pero espero que pronto el juez Llarena lo ponga a buen recaudo en algún centro penitenciario por haber sido el notario mayor de los golpistas.

La aparición pública de estas actas –el martes empezaron a publicarse en los medios de comunicación algunas de sus páginas– debe ser cuidadosamente circunstanciada. Todas las materias deben tratarse, como decía don Marcelino Menéndez Pelayo, conforme a las necesidades del tiempo. Los separatistas catalanes, o sea, todos los partidos políticos de Cataluña, excepto C’s, PP y PSC, han tratado de eliminar la libertad pública de todos los españoles, pero la mayoría de los medios de comunicación, en connivencia con el Gobierno de España, han quitado importancia a la agresión que ha sufrido la pasión de todo hombre libre: la pasión por la libertad en sí misma, "por el solo placer", como dijo Tocqueville, "de poder hablar, actuar y respirar". Algo sin embargo ha cambiado, desde que se conocieron algunos fragmentos de la agenda de uno de los asesores y líderes del proceso golpista; parece que los medios de comunicación empiezan a enterarse de la dimensión de esta inmensa trama de delincuentes contra España. Esta agenda de Jové refleja no sólo un fraude, como dicen algunos medios de comunicación que confunden causas con efectos, sino una inmensa maquinaria de los secesionistas para dar un golpe de Estado. No quitemos, pues, importancia a unas actas criminales.

Acaso por eso, por esa peculiar manera que tienen algunos medios de comunicación de ocultar la gravedad de la situación, sospecho que pronto dejarán de hablar de esta agenda Moleskine. Ese debate durará, sí, el tiempo que quiera el Gobierno de España, que, por desgracia, controla todos los grandes medios de comunicación escritos y de radio y televisión. La agenda manuscrita de quien era la mano derecha de Oriol Junqueras, sí, es algo más que "una pieza relevante en la investigación en curso", según dice un correcto editorial de un periódico de papel. La agenda Jové son las actas de un proceso terrible de destrucción de España… Por eso, sí, por eso hay que darle todo el espacio del mundo en los periódicos, las radios y las televisiones. Esa agenda tiene que ser conocida por todos los ciudadanos de España. Si no conocemos el mal, el terrible mal de los criminales secesionistas, no podemos acabar con él. Es necesario que a todas horas recordemos las reuniones, los planes, el diseño de futuras "estructuras del Estado de Cataluña", los nombres y los apellidos de los participantes en el golpe. Todas esas tropelías son clave no sólo para llevar a la cárcel a toda esa gente sino también para que en el futuro sepamos defender el bien más preciado de España: la libertad de los españoles. Asunto menor es saber si estaban engañando a sus votantes, es decir, a sus fanáticos seguidores. Lo decisivo son las acciones y discursos que relata esa agenda contra los españoles.

Así las cosas, mientras alguien en la España de Felipe VI imita al Quevedo de los Grandes anales de quince días, es decir, al más grande periodista de la época del fin de Felipe III y el comienzo del reinado de Felipe IV, y nos narra el terrible golpe de Estado de los separatistas catalanes, preguntemos: ¿qué decir ante la publicación de algunos fragmentos de la agenda Jové en los medios de comunicación? Tres cosas quedarán para siempre en la memoria de los españoles. La Guardia Civil ha hecho, como casi siempre en su larga historia, un trabajo bien hecho: la incautación de ese dietario de anotaciones será una prueba para llevar a prisión a los golpistas catalanes. Los jueces y fiscales tienen ha avanzada una parte decisiva de su trabajo. En segundo, lugar, los periodistas españoles a partir de esos materiales sabrán construir un relato histórico para las próximas generaciones sobre el proceso de destrucción de la libertad política en España. Tercero, si el debate en la sociedad civil en general, y en los medios de comunicación en particular, de esta prueba contra el intento de destruir la libertad pública en España es mínimo, entonces estamos ante un régimen político medio muerto, o peor, dependiente del Gobierno.

La Guardia Civil descubrió hace tiempo, el día 20 de septiembre de 2017, esta agenda, pero hasta hora no sabíamos casi nada de lo que constituye una prueba decisiva de un delito de rebelión, sedición y malversación de caudales públicos contra el Reino de España. Los jueces y fiscales pueden seguir buscando pruebas para castigar a quienes han llevado a cabo el más grave delito que cabe imputar a un ser humano en tiempos de paz: matar la nación que le da vida, pero los ciudadanos de a pie no podemos dejar de ver en este texto del asesor Jové otra cosa que unas actas, unas pruebas elaboradas concienzudamente por los propios golpistas, de sus propios delitos. Esta gente ha imitado, otra vez, a los nazis que levantaban acta de todos sus actos, intenciones y éxitos para integrarlos como una parte esencial de la historia de la infamia.

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