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Agapito Maestre

O política o enjuagues de partido.

Isabel Díaz Ayuso está pudiendo con todos. Fuera y dentro de su partido está demostrando que está muy por encima de la media.

Agapito Maestre
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Isabel Díaz Ayuso está pudiendo con todos. Fuera y dentro de su partido está demostrando que está muy por encima de la media.
La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso junto a Teodoro García Egea y José Luis Martínez-Almeida. | EFE

No creo en las mentiras nobles, pero soporto mejor al mentiroso que al tonto. No caigamos en la estulticia ni tampoco nos hagamos los listos. Esto de la política es complejo. Pero a nadie que se dedique al análisis político le puede extrañar el conflicto entre Díaz Ayuso y Casado. Se veía venir. Repito una idea expresada en marzo de este año: Isabel Díaz Ayuso está pudiendo con todos. Fuera y dentro de su partido está demostrando que está muy por encima de la media. Tiene una idea de Estado, un concepto de Comunidad Autónoma, para una Nación quebrada, herida y sin pulso. Díaz Ayuso al convocar las elecciones anticipadas rompió, definitivamente, el pacto tácito entre los machos del PSOE y el PP. Marcó la dirección y la agenda a seguir por los partidos democráticos. Los mandones de su partido no acaban de creérselo. Pero su lección era y es sencilla de aplicar. Olvidémonos de querer por querer, de la querencia ciega y vacía, que tanta daño ha hecho a España, y apliquémonos a querer cosas concretas. Esta sencilla política está venciendo a la ideología, al engaño y las tretas de malos políticos.

El paso dado por Isabel Díaz Ayuso en marzo de este año marcó, pues, el destino de la política española: o le ganamos la batalla a Sánchez todos los días y, después, en las elecciones, o la coalición de los socialistas-comunistas-separatistas termina con todas las instituciones democráticas, especialmente con los partidos de la Oposición. Cuando convocó las elecciones, según argumenté en aquella ocasión, quedaron a la intemperie y casi a la luz pública el pacto elíptico de no agresión mutua entre Casado y Sánchez por sus respectivos expedientes académicos y otras cosillas de parecido jaez, imagino que habría otras ententes oscuras e inconfesables entre los dos jefes de los partidos mayoritarios… En todo caso, Díaz Ayuso dejó clara la opción: o democracia o totalitarismo sanchista. Era la primera vez que alguien del PP se expresaba con esa contundencia y convicción. La democracia no estaba ya en peligro, sino que todas las instituciones estaban controladas y dirigidas por el gobierno más autoritario de nuestra reciente historia. Es algo que Díaz Ayuso repite con especial inteligencia y rigor. No deja pasar ninguna oportunidad para demostrar la pieza clave de toda su política: vencemos el autoritarismo de Sánchez o las libertades, todas, desaparecen.

Casado no ha compartido nunca, digámoslo sin estridencias, ese diagnóstico. Ni siquiera con la boca chica se ha atrevido a llamarle por su nombre a Sánchez. Sus maneras de hacer oposición demuestran mi afirmación. Todo ha sido blando, suave y reducido al ámbito parlamentario; por cierto, la única vez que Casado se mostró duro, inflexible y hasta mal educado en el Parlamento fue contra Abascal, su potencial socio para conformar un gobierno, cuando VOX presentó la moción de censura contra Sánchez. Así las cosas, nadie se rasgue las vestiduras contra este enfrentamiento entre Díaz Ayuso y Casado. No se trata de una lucha de egos, como creen los periodistas sin seseras, sino de formas de concebir la política. El enfrentamiento era inevitable. Y, ahora, es más inevitable que nunca. Mejor que se dé ahora, a la luz pública y sin cartas marcadas, que esperar a no sé qué gran acontecimiento.

Díaz Ayuso solo pide para su partido lo mismo que nos dio a todos los ciudadanos de Madrid: ir a las urnas para votarla o rechazarla. Quiere ser la Presidenta del PP de Madrid en un Congreso que voten todos los militantes del PP. Los actores, los objetivos y hasta los medios para resolver el conflicto están a la vista de todos. Quien no quiera verlos, es un cínico, o peor, un obtuso. El origen del enfrentamiento y a quién beneficia es claro. Quien diga lo contrario, nada ganará con burdas simplificaciones y denuncias morales. Porque la verdad en política es una quimera, no existe, exijamos que las mentiras llanas, las falsedades deliberadas, desempeñen su verdadero papel en lo único cierto que hay en este negocio político: solo un inminente congreso del PP de Madrid puede resolver las incompatibilidades entre Ayuso y Casado. Es la única vía para terminar con el enfrentamiento entre doña Isabel Ayuso, una líder de éxito, y Casado, un político entregado y pactando los nombres de los Altos Tribunales con la coalición gubernamental de socialistas y comunistas. La primera quiere resolver el asunto cuanto antes para concentrarse en hacer oposición a Sánchez. El segundo solo desea alargar el conflicto sin que nadie sepa muy bien con qué objetivo. En fin, la cosa es clara: la señora Ayuso se ha hecho cargo de su destino, quiere acabar con el desgraciado complejo de inferioridad que arrastra su partido desde la época de González, mientras que el jefe nacional del PP da manotazos sin sentido a la espera de que le llegue el poder por cansancio del adversario.

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