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Agapito Maestre

Triunvirato antiespañol y su pastorcilla

El ser de España no peligra. Es que no existe.

Agapito Maestre
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Abramos bien los ojos. El ser es el aparecer. Los matones de Cataluña no obedecerán la sentencia del Supremo sobre la obligatoriedad de una parte de la enseñanza en español. Los matones del País Vasco imponen sus reglas sobre el vino de la Rioja. El ser de España no peligra. Es que no existe. La izquierdona basura, la izquierda, y los matones mandan sobre el gentío. La ciudadanía española, escasa y asustada, se oculta en la privacidad. Está horrorizada. España, hoy, apenas es algo más que un vocablo. La masa amorfa y pestilente traga con todo. Marcan la agenda Pedro Sánchez, Bildu (ETA) y ERC. Un mentiroso compulsivo, un expistolero y Rufián son las bases de la democratura (una dictadura amparada en la palabra democracia). Enfrente no tienen apenas nada. Además, han desaparecido, quizá por fortuna, los Pavías y los Serranos del siglo XXI. Se siente el silencio del vacío. La moribunda España de hoy comparada con la de 1873, la de la Primera República, provoca algo más que angustia. Asco. Figueroa, Pi y Margall, Salmerón y Castelar eran dioses al lado de Sánchez, Otegui y Rufián.

En este contexto de matones y chulos políticos resulta ridícula la portavoz del Gobierno de Sánchez-Otegui-Rufián, cuando dice que los Presupuestos Generales del Estado serán "aprobados en tiempo y forma" por las Cortes Generales de España. Ni ella misma cree su mentira. Llegan a destiempo y deformados por el terror de los separatistas y los expistoleros de ETA. Esta señora es la imagen de un horroroso vacío. La pastorcilla de Sánchez actúa con mucha naturalidad, tiempo y forma. Mientras conduce con risitas al rebaño al matadero, nos distrae y aparta de lo decisivo: Sánchez, Otegui y Rufián ya no se perciben como los últimos representantes de tres generaciones de políticos que han conducido a España a su desaparición, sino como los primeros de una dictadura de tribus y taifas. Este triunvirato ya no es contribuyente neto de la desaparición de España, sino que se presenta como la clave de la dirigencia de Expaña. De risa.

Sí, la socialista de Abenójar sólo es la imagen amable de los exterroristas, separatistas, nihilistas, comunistas y socialistas. Ríe y ríe para que el gentío trague el rollo de los Presupuestos "en tiempo y forma". Pero lo real es otra cosa. Los ciudadanos españoles saben que estos Presupuestos solo sirven para ocultar que España está moribunda. Más de dos generaciones de hombres, como mínimo, han sido sometidas a un genocidio cultural en Cataluña y en el País Vasco, pero el gentío traga como los alemanes tragaron con los campos de concentración de Hitler. Millones de españoles nacidos en estos territorios han sido programados para odiar la geografía, la historia, las costumbres, las ideas y hasta la propia idea de nación española. Millones de españoles han sido privados del derecho a hablar en español. Millones de seres humanos desconocen que la libertad y la igualdad ante la ley han sido saboteadas por los políticos de la izquierda, a veces, con la colaboración puntual de la derecha, en Cataluña y el País Vasco.

La exalcaldesa de Puertollano puede seguir proclamando imbecilidades "en tiempo y forma" sobre los Presupuestos Generales del Estado, pero lo real es que el Estado está en almoneda, porque su soporte, la nación, la unidad nacional, ha desaparecido. ¿Lo pagaremos todos? Por favor, la pregunta ofende. Nadie se salva del pago de este crimen político. Fuera caretas. La historia más desgraciada y trágica de España vuelve a repetirse: estamos al borde de la desaparición de España, pero la castuza política sigue ocultando el asunto. Quien mata lo que le da vida, aparte de un estúpido suicida, es un criminal. Una cosa es tener una idea de España equivocada, pero combatir esa equivocación matando España, que es lo que lleva haciendo la izquierda, con la colaboración de parte de la derecha, es algo que nunca pagarán suficiente las elites políticas que nos han conducido este callejón sin salida. España, hoy, es solo un nombre para ocultar lo evidente: no hay unidad nacional.

Repitamos, pues, lo obvio: el odio a España instalado en Cataluña y el País Vasco fue proyectado hace ya casi cuatro décadas al resto de España. Creían algunos que esto era solo una cosa de vascos y catalanes. ¡Imbéciles! No, hombre, los separatistas no son nada sin España. Existen porque el resto de los españoles traga con sus crímenes. Ganó el terror de las armas, incluidas las lingüísticas, en el Norte y el nihilismo del resto de España. Las desgracias de los españoles de Cataluña y el País Vasco eran y siguen siendo de todos y cada uno de los españoles, pero los políticos, juntos a sus miles de intelectuales, ocultaron la evidencia. Algunos por levantar acta de este asunto seguimos en el ostracismo. ¡Qué otra cosa podemos hacer! Nada. Pues, entonces, gritemos: ¡viva España! Hoy es el único grito subversivo contra el triunvirato de Sánchez-Otegui-Rufián.

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