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Amando de Miguel

El descuajeringue de España

Lo de la "España invertebrada" del egregio José Ortega y Gasset parece ahora poca cosa.

Amando de Miguel
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Lo de la "España invertebrada" del egregio José Ortega y Gasset parece ahora poca cosa. Incluso el breve experimento cantonalista de la I República se queda en anécdota cuando lo contrastamos con la situación actual de descuajeringue. Solo hay que pensar con qué naturalidad hemos admitido los españoles que funcionen varios partidos que solo intentan representar a una parte geográfica de España. Puede ser Cataluña o incluso Teruel. Cualquier día surge un Partido Aranés (con su lengua propia distinta del catalán) para representar los intereses de ese valle respecto a una Cataluña hipotéticamente autodeterminada.

El descuajeringue que digo se manifiesta a través de los símbolos dizque nacionales. El himno nacional o la bandera de España apenas destacan en muchos actos públicos, fuera de los cuarteles y desfiles militares. Los partidos políticos se resisten también a emplearlos, solo con la reciente excepción de Vox, que es vista por la izquierda de "fascista". Incluso en las altas negociaciones políticas cunde ahora la inveterada tradición de los nacionalistas vascos y catalanes de sustituir la palabra España por "el Estado". Eso sí que es técnicamente fascismo. Recuérdese la divisa de Mussolini: "Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado". La bandera oficial de Euskadi es la que diseñó Sabino Arana para el Partido Nacionalista Vasco.

Muchos españoles conscientes se lamentan de que, al paso que van las cosas, llegaremos a asumir una Cataluña o una Vasconia independientes. Mas, si bien se mira, a ambas regiones les falta poco para serlo del todo; el portaaviones y poco más. De momento, lo que han conseguido es que Cataluña y el País Vasco acaparen más privilegios políticos que ninguna otra. Y eso que a las regiones todas se les ha dado en llamar ‘autonomías’ o ‘comunidades autónomas’, un verdadero contrasentido.

En el caso de Cataluña la situación política ha llegado a un extremo cómico, si no fuera trágico. Los adalides del movimiento secesionista catalán, condenados por el Tribunal Supremo a no sé cuántos años de cárcel, se ven reconocidos como sujetos de un "diálogo" con el Gobierno español. En la "mesa" para la independencia de Cataluña el lado que representa al Gobierno de España cuenta al menos con dos miembros más bien favorables a las pretensiones del otro bando, el independentista.

El descuajeringue no es solo geográfico o territorial. La democracia española no puede aspirar a tal rango cuando la televisión y la radio públicas se decantan ideológicamente a favor del partido político que ocupa el Gobierno. Por lo menos es así cuando el Gobierno es de izquierdas. Tal propincuidad es todavía más escandalosa cuando nos referimos a la televisión y la radio públicas de Cataluña o del País Vasco. Ante tal pasmosa realidad, se hace cuesta arriba aceptar como realmente democráticas las elecciones.

De poco vale redargüir que los gobernantes son honrados o que vivimos en un Estado de Derecho. Ni siquiera esto parece ser un Estado de Derecho… Administrativo, si se me permite la ironía. La opinión de muchos españoles es que muchos gobernantes (nacionales o autonómicos) no son honrados. Aunque lo fueran (y les favorece la presunción de inocencia), la estructura misma del Estado se halla viciada. Incluso el constitucionalismo más patriótico traga hoy con esa degeneración de la vida pública que son las autonomías regionales. Y valga el oxímoron.

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