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Amando de Miguel

Homenaje a la minoría de los gayos

Este año, por mor de la pandemia del virus chino, ha pasado sin pena ni gloria el ‘día del orgullo’.

Amando de Miguel
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Este año, por mor de la pandemia del virus chino, ha pasado sin pena ni gloria el ‘día del orgullo’, se entiende, de los homosexuales y demás extravagante compañía. Por lo mismo, se han evitado las Fallas, los Sanfermines, la Tomatina y otras ocasiones para el holgorio, el solaz y el hacinamiento de la plebe.

El orgullo es un pecado, pero en inglés clásico se refiere también al celo de las hembras de algunos mamíferos. El ‘orgullo gay’ (en castellano, gayo) es una de tantas modas que copiamos de los Estados Unidos. Se traduce en un poderoso grupo de presión, nacido para protestar contra la discriminación con que se ha tratado toda la vida a los invertidos o gayos. De ahí el vistoso acrónimo LGTBI (Lesbianas, Gayos, Transexuales, Bisexuales e Intersexuales o Hermafroditas). Aunque parezca desmesurado, el rol se nos ha quedado corto y, por tanto, sigue resultando discriminatorio. Deja fuera a otras formas de organización de la compañía sexual (que es de lo que se trata), como los célibes, los asexuales, los polígamos (a su vez, poligínocos y poliándricos) y los incestuosos. Así que las siglas auténticas deberían ser LGTBHCAPI. Excluyo a los zoófilos, pero no creo que se sientan muy discriminados, aunque, si se empeñan, también les cedemos una plaza en el colectivo. Se trata de un conglomerado abierto con un punto de exhibicionismo.

La bandera del heteróclito colectivo al que me refiero despliega toda la gama cromática del arco iris, aunque no debe confundirse con la enseña de La Rioja. Sin embargo, con los añadidos dichos, debería incorporar también el infrarrojo y el ultravioleta, que no sé cómo se pueden dibujar.

Parece que, progresistas como somos los españoles, el pendón multicolor de los gayos y demás se va a convertir en el logotipo de Correos: se imprimirá en los buzones, las furgonetas, los sellos y las oficinas. De momento, el vetusto Correos es una institución que más parece una especie de bazar. Lo de enviar cartas sin más ya no se estila. Los carteros ya no son funcionarios de uniforme. El mandamás de Correos es un cargo político de fiel adhesión al Gobierno.

En algunos ayuntamientos dominados por Unidas Podemos se ha intentado que la bandera gaya ondee junto a la municipal, la regional y la nacional. Quizá se aproveche el sentido sexual que también tiene la voz ayuntamiento. Así de prodigiosa es la lengua castellana. Es más, la lengua es también un órgano sexual. Por lo mismo, el verbo poder se asocia a la capacidad sexual. Yo no tengo la culpa de ese pansexualismo del lenguaje.

Tendría que prodigarse más la bandera gaya con tal de que incluyera todas las siglas dichas para que no hubiera discriminaciones. No solo deben contar los símbolos. Más efectiva debería ser la norma de que en la continua provisión de cargos políticos y altos puestos funcionariales se reservara siempre una cuota para el colectivo LGTBHCAPI. Debe anotarse que, con los añadidos dichos, la exigua minoría se convierte en una práctica mayoría. Es decir, los heterosexuales (despreciados ahora como héteros) empiezan a ser los menos, siempre sospechosos de algún ocultamiento.

Si lo de la cuota se considerara un privilegio excesivo, bastaría con una política de una especie de renta mínima que asegurara la supervivencia de los gayos y demás especies minoritarias o discriminadas. En cuyo caso el día del orgullo gay podría convertirse en un mes entero de festejos patrios.

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