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Sobre arte y literatura

Todo el mundo ha experimentado la sensación de que algunas obras de arte o literarias actuales aparecen como “instalaciones” o “experimentos” para satisfacer el ego de los artistas o escritores.

Amando de Miguel
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Félix Rodrigo me envía un razonado texto sobre las relaciones entre la pintura y la literatura a propósito de la discusión que aquí teníamos sobre el arte contemporáneo. Don Félix considera que ambas son formas de lenguaje estético. El problema está en que la pintura o la literatura contemporáneas pueden dar lugar a obras cuyo significado no sea comprensible por el gran público y, de esa forma, se abra "la posibilidad de fraude". Cierto es.

Todo el mundo ha experimentado la sensación de que algunas obras de arte o literarias actuales aparecen como "instalaciones" o "experimentos" para satisfacer el ego de los artistas o escritores. Da la impresión de que el escritor o el artista lo que pretende es hacerse notar; le importa poco que su obra sirva de deleite al público. Pero el asunto no es exclusivo de nuestra época ni alcanza a todas las obras, ni siquiera a la mayoría de ellas. Hay muchas obras artísticas influyentes que no han sido entendidas por el público. Es lógico que sea así. El escritor o el pintor tratan de producir una obra que no existía antes mediante la combinación de elementos muy simples (colores o palabras). No olvidemos que el creador de una obra artística se atiene a dos objetivos: (1) Un fin altruista, que consiste en proporcionar placer a los que van a contemplar su obra. Por eso es laureado, a veces después de fallecido. (2) Un fin egoísta, que es el de dar envidia a sus colegas. Por eso se llevan tan mal los artistas y escritores con sus compañeros de oficio. Gracias a ese objetivo de dar envidia se excita la creatividad, la originalidad. El peligro es que, al tratar de destacarse, los artistas y escritores piensen más en sus colegas y mecenas que en el público. De ahí que su lenguaje pueda ser oscuro o incomprensible. Pero puede ocurrir también que, con el tiempo, ese lenguaje pueda ser entendido y apreciado por mucha gente. Recordemos el caso de Van Gogh.

Recomiendo vivamente a los libertarios que vayan a ver la exposición "Arquitecturas pintadas del Renacimiento al siglo XVIII" que exhibe el museo Thyssen en Madrid. Está en sus últimos días. Es realmente espléndida. No hay grandes maestros de la pintura, sino pintores académicos o de batalla. Pero la selección de cuadros es maravillosa para comprender la idea de la pintura como un lenguaje. Los cuadros se han seleccionado con el criterio de que se recoja en ellos un fondo arquitectónico. Tanto es así que ese paisaje de piedras ordenadas destaca a veces mucho más que la historia humana. Acabo de recorrer la exposición con mi mujer, que es interiorista, de Arquitectura interior. Su punto de vista es precisamente que la pintura se entreteje armónicamente con la arquitectura. Ha realizado un trabajo sobre la relación entre la pintura y la arquitectura en la obra del arquitecto Antonio Lamela, padre. El nexo de unión entre las dos artes es la obra del pintor Mondrian. Ese trabajo me ha ayudado a entender mejor el lenguaje pictórico de la exposición que digo. Se percibe perfectamente el tránsito de una pintura del primer Renacimiento en la que todavía no estaba clara la noción de perspectiva a otra en la que ese criterio es fundamental. Hay convenciones interesantes. Por ejemplo, la Virgen María, en las escenas de la Anunciación y otras, aparece siempre con un manto o vestido azul. El ángel Gabriel sorprende a la Virgen leyendo un libro o un pergamino. El color azul era el más caro, pues se hacía con lapislázuli, un elemento muy raro. Por eso se reservaba a los vestidos de los personajes encumbrados, por ejemplo, la Virgen. El detalle de que María estuviera leyendo un libro es claramente prepóstero, pero así se ensalza la nobleza del personaje. Resulta igualmente anacrónico que los fondos de ciudades o monumentos (así como los ropajes) no se correspondan siempre con las historias que se representan. No importa, eso realza todavía más la grandeza de los personajes. Resulta ingenuo y tierno a la vez que la Virgen María pudiera vivir en un airoso palacio veneciano. Es muy posible que esos elementos simbólicos que cito no fueran entendidos inmediatamente por el público que contemplaba esas obras. Pero los pintores cumplen con su obligación pedagógica al aceptar las convenciones dichas y muchas otras más. No me da el espacio para exponerlas. Tampoco es imprescindible comprender todos esos elementos del lenguaje pictórico. Basta con solazarse con la visión de los cuadros de la exposición de la Thyssen, realmente verdaderas joyas, a veces más del dibujo que de la pintura. Solo una crítica: el público que he visto en la exposición (un domingo por la mañana) estaba compuesto por adultos. No había niños ni adolescentes. Es una lástima.

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