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Cataluña es una farmacia

¿Qué tontuna arrasa hoy la lucidez de tantos catalanes para exhibir tragaderas tan anchas?

Antonio Robles
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En Cataluña ocurren cosas sorprendentes. Mientras el Gobierno de la Generalidad sigue doblando el presupuesto en la financiación de embajadas, y se ciega en sacarnos de Europa con el dinero público, adeuda a sus farmacias 416 millones y ya ha anunciado que carece de tesorería para pagarles antes de tres meses. Así entienden los secesionistas su preocupación por los servicios sociales.

La situación es esperpéntica, los farmacéuticos se ven obligados a financiar al Servei Català de Salut, compran los medicamentos con sus recursos, piden financiación bancaria cuando carecen de ellos y quiebran cuando la deuda es insoportable. Hasta la fecha ya han cerrado 19 farmacias y el resto está en las últimas. Los trabajadores llevan cuatro meses sin cobrar. Esa es la sensibilidad social del Gobierno del iluminado Artur Mas y su socio de ERC.

Bien es verdad que las farmacias no son bares. Los medicamentos son imprescindibles para la salud de las personas, y éstas, por ley, tienen derecho a una asistencia gratuita. Cobrarles el cien por cien del precio de los medicamentos sería ilegal, además de injusto. Un callejón sin salida. Pero no es menos verdad que las farmacias son un negocio y no los responsables de garantizar ese derecho. Lo es el Servicio Catalán de Salud, dependiente del Gobierno de la Generalidad, la cual es la responsable final de la salud pública pues tiene traspasadas todas las competencias sobre ella. Y esto es lo sorprendente, en lugar de arremeter contra el Gobierno de la Generalidad, el Consejo de Colegios de Farmacéuticos de Cataluña ha hecho concentraciones frente a las diferentes delegaciones del Gobierno del Estado en Cataluña para exigir los 416 millones que adeuda la Generalidad. Esperan los fondos del plan ICO Proveedores que el Gobierno catalán ha pedido al Gobierno de España, pues la Generalidad carece de la confianza necesaria para lograr financiación por ella misma en los mercados financieros. Es decir, encima de que es el Estado el que saca las castañas del fuego, acaba siendo el objeto de las iras de los esquilmados farmacéuticos.

¿Qué tontuna arrasa hoy la lucidez de tantos catalanes para exhibir tragaderas tan anchas?

Con la misma desvergüenza que lían a los farmacéuticos, hace dos semanas Artur Mas anunció que los funcionarios tampoco cobrarían la paga extra de navidad por culpa del Gobierno de Madrit. Eso sí, se compromete a pagarla si el Gobierno de España le reporta lo recaudado del impuesto bancario. Como con la deuda farmacéutica, no es su responsabilidad atender los pagos que le son propios, sino de España por robarle tanto. Y el personal tragando.

Me resisto a pensar que seamos tan estúpidos, bien está que los farmacéuticos presionen a todas las Administraciones. Su desesperación está justificadísima. Pero si hay alguien responsable de su bancarrota es el Gobierno de la Generalidad, que no ha sabido gestionar ni prever la prioridad en los presupuestos. Y la salud es lo primero.

Habrían de saber que mientras ellos financian con su dinero al Gobierno de la Generalidad, CiU y ERC acaban de pactar unos presupuestos donde doblan el gasto en embajadas, y derrochan 15,3 millones de euros en una Secretaria de Asuntos Exteriores de la UE cuyo objetivo es internacionalizar la independencia. Y, ya puestos, aumentan un 77,6% el presupuesto de Diplocat, plataforma para planificar el futuro cuerpo diplomático catalán con un montante de 2,6 millones de euros. Unos en el delirio y otros sin dinero para pagar nóminas, hacer frente a las facturas de los proveedores y pagar la financiación de créditos.

P.D. Según el último informe del Tribunal de Cuentas, CiU y UDC presentan un patrimonio neto negativo de 21,3 millones de euros (10,1 millones la federación y 11,2 millones UDC). Básicamente en quiebra técnica. Y los farmacéuticos reclamando a Madrid.

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