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“Confundirse con el paisaje”

Cataluña ya está rota, no hay una Cataluña, hay dos.

Antonio Robles
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¡Manda huevos!, que diría Trillo. El exlíder del PPC Josep Piqué nos viene ahora a dar lecciones de cómo tratar a los nacionalistas catalanes acogiéndose a todo lo que combatió él en 2006, cuando fue portavoz y presidente del PPC en la VII Legislatura del Parlamento de Cataluña. Es la operación diálogo que prepara el PP en su giro hacia el catalanismo moderado.

El personaje fue elegido por Aznar para llevar con guante de seda la cuestión catalana. Suya es la expresión "confundirse con el paisaje" para hacerse perdonar por los nacionalistas.

Ahora se nos descuelga con la localización del mal que entonces colaboró a arraigar con su silencio:

El nacionalismo catalán lleva décadas en un proceso de ‘construcción nacional’ que, ahora, cree que ha llegado a un suficiente grado de maduración como para plantear seriamente la independencia. Y para ello ha utilizado tres palancas, sobre las cuales ha ‘hecho política’. La primera es el sistema educativo. Y, en mi opinión, el principal error ha sido centrar el debate en la lengua y no en los contenidos educativos, sobre todo en Historia y Geografía. La segunda es la política de medios de comunicación, dejando que los medios públicos y privados subvencionados hayan contribuido, en contra de su obligación de reflejar la pluralidad de la sociedad catalana, a ese proceso de ‘construcción nacional’, que se basa en el enaltecimiento de lo propio en contraposición a lo que se considera ajeno, es decir, la idea de España. Y tercero, la progresiva aceptación, implícita pero real, del ‘oscurecimiento’ del Estado en Cataluña, de manera que, en muchas zonas de su territorio, viven ya como si fueran independientes, puesto que la presencia de los símbolos estatales y/o nacionales españoles es inexistente.

Bienvenido al club. Efectivamente, Sr. Piqué, hay que recuperar la hegemonía moral secuestrada por el nacionalismo que usted ha ayudado a consolidar. Hay que restaurar los símbolos de España en Cataluña que usted y su partido no han sabido defender durante décadas. Con parecido empeño al PSC-PSOE. Pero…

El gato escaldado del agua huye. Y siendo el artículo "¿Hacer política? ¿Qué política?" del pasado día 27 un buen diagnóstico, algo huele a podrido cuando trata de meter de contrabando el error de la beligerancia lingüística y apela al diálogo y la vía política. La misma que reivindica el nacionalismo: "Por ello, hay que ganar la batalla del diálogo". (Lean ustedes el artículo entero).

Mire, no, no vuelva a las andadas, no prepare las cesiones que está pactando Soraya Sáenz de Santamaría para que las vayamos digiriendo. A estas alturas, al nacionalismo no se le gana dialogando, sino venciéndole democráticamente. Y, previamente, haciéndole cumplir la ley, como a todo hijo de vecino. Nunca tendremos paz social en Cataluña si no les concedemos lo que quieren (y lo que quieren es quedarse con la hacienda de todos), y no lograremos conllevarnos (lo máximo a que podemos aspirar) si no les vencemos en las urnas. Y para eso deberemos romper el chantaje permanente (o sea, el mal llamado diálogo), visibilizar la ruptura de la cohesión social con la que nos tienen amordazados; a cara de perro, que sepan que violar los derechos de los demás no sale gratis ni estamos dispuestos a entregarles la nación española como espacio del bien común. Han de sentir en carne propia las reivindicaciones de los demás y el coste sucio de su revolución de las sonrisas.

Cataluña ya está rota, no hay una Cataluña, hay dos, la de los auténticos catalanes (los ciudadanos de primera o nacionalistas) y la de los catalanes de segunda (la mayoría no independentista). Nuestro primer objetivo es visualizar esa ruptura, esa injusticia. Y actuar en consecuencia. De momento, como muy bien dejó escrito el presidente de la Asociación de Periodistas Pi y Maragall, Sergio Fidalgo, es preciso denunciar la apropiación de Cataluña por los nacionalistas, hacer pedagogía para mostrar a toda España, empezando por la prensa, que los nacionalistas no son Cataluña, sino una parte de ella. Por si aún no se han enterado: "La cuestión catalana –como dijera F. de Carreras– no se resuelve con una reforma de la Constitución, sino con una derrota del nacionalismo en las urnas".

P.D. Vuelta la burra al trigo: "El principal error ha sido centrar el debate en la lengua" (Piqué). O sea, ¿ya han pactado, como Aznar en el 96, que de los derechos lingüísticos castellanohablantes no se habla?

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