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Fijación totalitaria

Toda esta involución cultural tiene una base común, la perversión de los valores cívicos en que se sustentaba la sociedad democrática nacida de la Transición.

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Una vez más, los profesionales del partidismo crean problemas a la propia institución que los legitima. Unos retrasando la renovación del CGPJ por conveniencia y otros tratando de adaptar los mecanismos de la democracia para ponerlos a su servicio. Si lo primero es filibusterismo parlamentario, lo segundo es violación de las reglas que garantizan la separación de poderes. Lo primero es un forcejeo que degrada la eficacia de nuestras instituciones, lo segundo es un atentado intolerable contra el Estado de derecho.

La cuestión es tan sencilla como descarada. Si se necesita una mayoría cualificada de tres quintos de ambas Cámaras para evitar que el Judicial sea instrumentalizado por los otros dos poderes, hacerlo con la mitad más uno es reducir la garantía que ofrecen 210 diputados a 176. Lo que permitiría a cualquier mayoría absoluta nombrar a los jueces de su cuerda, reduciendo la neutralidad judicial. Tal escenario deja a los jueces a merced del nepotismo político.

Con ser obscena la intentona de minar los pilares del propio Estado democrático, el Gobierno populista está socavando algo mucho más evanescente, pero igualmente imprescindible: los valores en que se sustentan tales pilares, sin los cuales las normas y las leyes serían vainas vacías. Y no sólo es en este caso. El control de TVE, los ataques a la Transición y a la Monarquía parlamentaria, el blanqueo de todos los enemigos de la nación, la deslegitimación de los adversarios ideológicos reduciendo la dialéctica política al maniqueísmo cainita, la idolatría de etnias ideológicas y territoriales en detrimento de los derechos individuales de los ciudadanos…

Toda esta involución cultural tiene una base común, la perversión de los valores cívicos en que se sustentaba la sociedad democrática nacida de la Transición.

Si el maestro de tus hijos los manipula, si el tendero te estafa, si el médico juega con tu salud, si los medios públicos sirven al poder, o el presidente de tu país miente más que habla, manipula tu información, violenta las instituciones con descaro, ¿qué valores cívicos servirán de modelo a los ciudadanos? Y, sobre todo, ¿quién será honrado en medio de esta pandemia de farsantes, pudiendo sacar ventaja ante cualquier situación propicia?

No busquen al mangante en la vulgaridad del delincuencia, sino en el comportamiento. Ahora me escaqueo de mis obligaciones fiscales, después falsifico partes médicos para vivir del cuento, más tarde voto a los míos a pesar de haber sido estafado y engañado, y si el profesor me suspende al niño, presiono al colegio para que le pasen de curso a pesar de no haber asumido los conocimientos adecuados. O simplemente ejerzo de monaguillo en lugar de periodista…

Les dejaré dos vídeos donde la desvergüenza y el cinismo es de tal calibre que sería suficiente para echarlos a gorrazos de nuestras vidas; pero, muy al contrario, sus partidarios niegan la evidencia y buena parte del resto mira para otro lado como si no fuera con ellos. Sin percibirlo, todos se contagian de sus fechorías. Por eso, no son lo peor sus crímenes políticos, sino el deterioro ético de los valores cívicos del conjunto de la sociedad, pues convierten en cotidiano y normal lo que no lo es.

2016. Final de campaña de las elecciones andaluzas. Pedro Sánchez, a propósito de Pablo Iglesias, al que acusa de anteponer “el control de los jueces, de los policías, de los fiscales, de los espías y el derecho de autodeterminación de Cataluña, Galicia y el País Vasco” a los derechos sociales. Escuchándole uno siente vergüenza ajena, y él ni se inmuta. ¡Qué caradura! Hasta el supremacista Torra se muestra estupefacto ante su capacidad para venderse al diablo con tal de seguir siendo presidente.

PS: Más allá de los afanes venenosos por controlar a los jueces, sería terrible suponer que los jueces no tienen per se voluntad, convicciones y capacidad para gestionar la Ley sin plegarse a nada y a nadie.

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