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La realidad pide cuentas al 'procés'

Las movilizaciones de sanitarios, bomberos y profesores en Cataluña nos recuerdan la ventolera del 'Brexit' nacionalista.

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Para llegar al referéndum del Brexit fue necesario mentir y poner el egoísmo de la tribu por encima de la construcción racional de la UE. Ahora, dos años después, desmanteladas las mentiras y frente a la cruda realidad, ya empiezan a añorar a la UE. Hay prevista una recesión del 3,5% para el próximo año.

Las movilizaciones de sanitarios, bomberos y profesores en Cataluña nos recuerdan la ventolera del Brexit nacionalista. Muchos de los que ahora se movilizan apoyaron el procés y taparon sus mentiras, como tapó las del Brexit el integrismo nacionalista inglés.

Como en el Reino Unido, en Cataluña el populismo nacionalista empieza a supurar daños colaterales. 70.000 millones de deuda, y de la primera comunidad en PIB de España a la cuarta. Y bajando. Las justas reivindicaciones de los movilizados aparentan romper el apoyo al procés de muchos de esos colectivos. Pero ¿es así?

En cualquier caso, debería ser un aviso a navegantes. No sólo son culpables del derroche presupuestario los políticos nacionalistas que han dejado los servicios sociales hechos unos zorros, también lo son los sindicatos, los partidos de izquierdas y derechas, incluso los ciudadanos que han consentido, cuando no colaborado, el aquelarre emocional del golpe. Una sociedad responsable se debería plantear por qué hemos permitido que la política nacionalista lleve siete años de recortes en cuestiones sociales esenciales pero haya gastado en la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales casi tres veces más que los 100 millones que la sanidad necesita para paliar lo más urgente. O dejara a las farmacias sin pagar hasta que el Gobierno de España evitó su quiebra. O el derroche de millones en propaganda separatista (Diplocat, subvenciones a prensa afín, programas informáticos, prevaricación y gastos en referendos ilegales, embajadas, compra de periodistas extranjeros…). Sin contar con esa malversación a la vista de todos con idas y venidas a Bélgica a cuerpo de rey, manteniendo a un sinfín de mangantes en medio mundo.

Sólo en políticas de exclusión lingüística las instituciones públicas catalanas han acumulado más de 20.000 millones de euros desde 1980. ¿Se imaginan lo que se podría haber hecho con ese presupuesto?

En cierta ocasión, el alcalde de Barcelona Joan Clos, en visita a Madrid, le preguntó asombrado a su anfitrión, Ruiz Gallardón, cómo podía disponer de tanto presupuesto para construir una red de metro tan extraordinaria. Su colega le respondió: "Porque Madrid no tiene que construir una nación".

Es importante que la ciudadanía, y no sólo sus médicos, repare en lo que es importante de verdad y actúe en consecuencia. Cuando uno tiene un familiar enfermo y comprueba la labor imprescindible que realiza nuestro sistema de sanidad pública, o, por el contrario, cuando la lista de espera para cirugía deja la vida del enfermo frente al miedo de la espera, es entonces cuando comprendemos qué es esencial y qué es accesorio. A veces, demasiado tarde. Es inaudito que ante tal evidencia prefiramos seguir a cuatro cantamañanas nacional-populistas que envenenan a la gente y en lugar de resolver problemas los crean. ¿Qué fue si no el Brexit? ¿Qué no es el maldito procés?

Aun así, debemos soportar a la consellera del ramo tener el cuajo de achacar la falta de medios a Madrid, o arremeter contra las movilizaciones con la confianza de quien se sabe inmune en esta atmósfera amarilla que nos envuelve: "A veces nos distraemos con cuestiones que no son esenciales". Mientras tipos como el exdirector de RAC1, y actual portavoz de Junts per Catalunya, Eduard Pujol se permitan mearse en las carencias de nuestros hospitales, y en los derechos laborales de médicos, maestros, bomberos, Fuerzas de Seguridad del Estado, etc., algo debemos estar haciendo mal todos. También los ciudadanos que lo permitimos.

PS: Los que se han precipitado en titular hoy que las calles se levantan contra Torra y el procés deberían ser más prudentes. Es una dentellada a la farsa vacía del procés. Pero el barrizal emponzoñado de emociones contra España sigue ahí.

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