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'Los muros de Cataluña'

La pervivencia de la libertad en Cataluña depende casi exclusivamente del fracaso del adoctrinamiento escolar y mediático.

Antonio Robles
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Con una prosa fluida, transparente y certera, Javier Montilla acaba de resumir con eficacia la mirada que la disidencia en Cataluña al nacionalismo ha ido construyendo a lo largo de estas últimas tres décadas. Lo ha hecho en un libro de menos de 200 páginas, muy fácil de leer y mejor hilvanado, para que el lector digiera con facilidad las verdades del barquero que la sociedad catalana nacionalista oculta y la española se empeña en ignorar.

La edad del autor, 36 años, debe tenerse muy en cuenta. Representa un eslabón perdido en dos generaciones de creyentes. Tan sorprendente como su profesión de periodista en una tierra donde tal profesión la ejercen ideólogos al servicio del poder y sus páginas se confunden con las homilías religiosas. Como me confesaba solo hace dos días, él, como fruto de la inmersión nacionalista, ha tenido que superar sus propios fantasmas, desembarazarse de tanta roña étnica mal digerida y atreverse a pensar por sí mismo. No es cosa simple ni fácil; por eso es un acontecimiento. La pervivencia de la libertad en Cataluña o, si quieren, la pervivencia de una cultura plural, abierta y española en Cataluña dependen casi exclusivamente del fracaso del adoctrinamiento escolar y mediático en jóvenes como Javier. Digo bien, de las quiebras en la perfecta maquinaria nacionalista; porque delante no tienen al Estado, sólo a una pequeña porción de la sociedad civil catalana, sitiada y desprotegida. Desprotegida sobre todo por el propio Estado. Él lo ha sabido ver con certeza y lo ha expuesto con exactitud:

La deriva independentista no es fruto de la negativa del gobierno de España de otorgar a Cataluña una especie de concierto económico, similar al País Vasco o Navarra. Se trata de la última estación de una maquinaria de ingeniería social que ha sido casi perfecta y que ha logrado, con escaso esfuerzo, infiltrarse en todos los resortes posibles, con la absoluta displicencia del gobierno de la nación.

Del acierto de sus páginas, sólo le corregiré para peor su profecía maldita:

Está claro que cuando llegue la famosa independencia, algunos seremos extranjeros en nuestro propio país o estaremos obligados al exilio.

No, Javier, no, ya somos extranjeros, así nos tratan, así nos vemos o así nos quieren obligar a vernos. Pero como tú aciertas a cerrar el libro,

España tiene una deuda con los que, en silencio o haciendo mucho ruido, nos negamos a bajar la cabeza ante aquellos a los que no vamos a entregarles tan fácilmente nuestra tierra porque nos negamos a que nos arranquen siglos de historia. Para su desgracia, esta tierra, también nos pertenece.

Mañana viernes, 26 de abril, presentará el libro en Madrid a las 20,30 horas, en la sala Zayas de la calle Príncipe de Vergara, 40. Lo hará junto a Alejo Vidal Quadras, ese viejo bucanero que conoce el paño mejor que nadie. De él es el magnífico prólogo. Suerte, muchacho, ya sabes dónde no podrás pacer.


Javier Montilla, Los muros de Cataluña, Anaya, Madrid, 2013, 200 páginas.

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