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Podemos y C's, dueños del Congreso mediático

¿Desde cuándo agoniza el parlamentarismo? Desde hace tanto tiempo, que hemos perdido el sentido de por qué nació.

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Como casi siempre en la historia, los grandes cambios no se perciben hasta que nos llevan por delante. ¿Desde cuándo agoniza el parlamentarismo? Desde hace tanto tiempo, que hemos perdido el sentido de por qué nació, aunque los partidos lo hayan simulado y lo sigan ocultando. Agoniza desde que dejó de ser un espacio dialéctico donde el debate vivo podía cambiar el signo de una votación. Hoy ya no hay debates, sólo mecánica previamente cocinada. Los diferentes portavoces teatralizan posiciones que ni influyen ni son influidas. Y cada formación las apoya o rechaza con la misma disciplina de una colmena.

Puede que el espacio teatral donde representan la comedia, es decir, el Congreso de los Diputados, esté a punto de ser sustituido por los platós de televisión. Son la nueva realidad. De ellos salió Podemos, y en ellos ha explotado C's.

La crisis, la corrupción, el hartazgo general... Bien, pongan el contexto que quieran, pero sin platós de televisión nunca se hubiera producido un cambio tan marcado en la percepción general de la gente.

Los debates políticos de La Sexta, Cuatro, TV3 o 13TV han sustituido al Parlamento. La fórmula la inventó Julio Ariza en Intereconomía con El Gato al Agua. Posiblemente sus debates monocolores ayudaron al PP a lograr la mayoría absoluta. Eran otros tiempos, hoy han accedido a esos escaños televisivos todo el arco parlamentario y el extrarradio que lo cuestionaba. Pablo Iglesias, por poner el ejemplo más significativo.

En este nuevo Congreso mediático, las siglas históricas ya no intimidan ni imponen respeto; ahora todo depende de la imagen y capacidad de una sola persona para vender un relato. Si logra ser atractiva para el telespectador, si su presencia provoca empatía, si es capaz de emocionarle y sugestionarle, de mimar sus sentimientos más irresponsables, o de gestionar sus frustraciones a través de la venganza de clase; o, por el contrario, evocarle credibilidad y responsabilidad, puede dar el gran pelotazo electoral. De la noche a la mañana, sin apenas tener presencia en el territorio ni haber demostrado coherencia entre las promesas dadas y su capacidad para cumplirlas.

Ante personajes así, en un espacio como esos, toda la aristocracia simbólica de los partidos tradicionales carece de fuerza legitimadora. Y su suelo electoral estará supeditado a la imagen que dé como representante mediático de su partido. Ya no es una fuerza poderosa contra un representante advenedizo, sino una imagen contra otra. A ello reduce el formato televisivo la confrontación política. Y en él ganan los más dotados para la dialéctica y la teatralidad mediática.

En el pasado, los grandes partidos dominaban la prensa de papel y controlaban el resto de medios. Nadie podía acceder a ellos. Su coste era prohibitivo y su control férreo. Hoy existen las redes sociales y los medios audiovisuales mixtos. Cualquiera que pueda competir en imagen puede hacerse con el favor del pueblo. Como se está demostrando. Pablo Iglesias, por unas razones, Albert Rivera por otras; los dos, grandes comunicadores. Sus ejemplos confirman la teoría general: Podemos existe porque el formato de televisión le daba a Pablo Iglesias las mismas opciones parlamentarias que a los representantes mediáticos de los partidos mayoritarios. Pero tenía más labia, mayor empatía social y ningún lastre. Surgió de la nada. No así Albert Rivera. Durante 8 años ha luchado por consolidarse, y solo después de que los nuevos tiempos le hayan abierto las puertas de estos congresos mediáticos ha explotado. Esa ausencia fue la razón por la que en Cataluña le costó tanto consolidarse. Allí no le daban ni agua. De hecho, siguen negándosela. Tanto, que hasta en el programa de humor político de TV3, Polonia, le ignoran. Ni para criticarle le quieren. Es el único portavoz parlamentario catalán que no tiene personaje. Como si no existiera.

El PSOE está preocupado con Podemos, el PP con C’s. Pronto lo estará Podemos con C’s. UPyD se desmorona. Por las razones contrarias que crecen sus rivales. Rosa Díaz dejó de ser atractiva para los medios. Si alguna vez lo fue. Política y espectáculo. Bien, a esto nos lleva la superstición democrática.

PD: Ya puestos, queremos un debate a cara de perro entre Pablo Iglesias y Albert Rivera en programa de máxima audiencia. ¡Que comience el espectáculo y dejen de joder con el paro!

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