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Rematar la lengua común

Pregúntense por qué Puigdemont le dijo a Xavier Vendrell ante la investidura del socialista: "Hay que hacer presidente a Sánchez aunque sea gratis".

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Acabar con la lengua española en Cataluña ha sido la mayor obsesión del catalanismo en estos últimos cuarenta años. Sin remarcar ese objetivo íntimo, todo argumento a favor o en contra de la enmienda que excluye al español como lengua vehicular en la nueva Ley de Educación de Celaá es pura cháchara para incautos. Esa obsesión íntima la extienden a todos los ámbitos de la vida social, no sólo a la escuela. Hace años que la limpieza lingüística expulsó al español de Cataluña como si fuera una lengua extranjera. Conviene partir de ese hecho para entender por qué están librando una guerra lingüística contra el español como antesala de su república étnica. Y digo guerra a pesar de la ausencia de armas, porque éstas son las guerras del s.XXI de todos los canallas que quieren seguir pareciendo demócratas.

Estamos en guerra y las armas son palabras, sintaxis, eufemismos, ambigüedades, sofismas, argucias retóricas, mentiras como formas ladinas de manipulación del lenguaje. Lo vemos claro en la enmienda: elimina toda referencia al español como “lengua oficial del Estado” y “como lengua vehicular”. Una manera de eliminar su condición de lengua común de España, y a la vez, considerarla impropia en las comunidades bilingües como lengua docente.

El arsenal de eufemismos y la mala fe con que han decapitado nuestros derechos desde los años ochenta para esquivar las leyes son inagotables. Algún ejemplo, el eufemismo “normalización lingüística” para imponer el catalán como única lengua docente. “Atención individualizada” para escamotear el derecho de los niños castellanohablantes a recibir clases en español. “Lengua materna” para reivindicar el derecho a estudiar en catalán cuando no era oficial, cambiada por “lengua de la tierra” cuando el excluido era el niño castellanohablante. Meros señuelos para el engaño. La retahíla es interminable: "integración" para imponer la “asimilación”, “derechos lingüísticos” para despojar a la gente de ellos, “lengua propia” para hacer impropia la del resto, “derechos históricos” para destruir los democráticos, “bilingüismo” para imponer el “monolingüismo, “cohesión social” para “excluir con impunidad”. La Ley Catalana de Educación (LEC) de 2009 fue la expresión más depurada de esa estrategia para “blindar la inmersión y legislar la exclusión" del castellano.

He aquí su última mutilación (los pasajes entre corchetes) de la mano de Pedro Sánchez, ERC y PSC:

Las Administraciones educativas garantizarán el derecho de los alumnos y las alumnas a recibir enseñanzas en castellano [, lengua oficial del Estado,] y en las demás lenguas cooficiales en sus respectivos territorios [. El castellano y las lenguas cooficiales tienen la consideración de lenguas vehiculares], de conformidad con la Constitución Española, los Estatutos de Autonomía y la normativa aplicable.

Esta eliminación selectiva para ir soslayando la legalidad la ejercerán a sabiendas de que el recurso a los tribunales y sus resoluciones tardarán años. Mientras tanto, habrán hurtado a una nueva generación su derecho a estudiar en español y a sufrir el adoctrinamiento nacionalista que lleva aparejado. Importará poco que la sentencia 337/1994 del TC y la del estatuto de 2010 dejaran establecida la conjunción lingüística por la que catalán y castellano han de ser lenguas docentes sin que ninguna de ellas sea exclusiva ni excluyente. Como el resto de sentencias que nunca han cumplido. Hemos escrito tanto y denunciado tantos atropellos que me remitiré a enlaces para evitar repetir lo obvio. Dos cartas abiertas al presidente Rodríguez Zapatero (1) y (2), otra a Pedro Sánchez y la tramposa Ley de Lenguas que nos quiere colar el PSC.

Si las palabras tienen aún algún valor, pregúntense por qué Puigdemont le dijo a Xavier Vendrell ante la investidura del socialista: "Hay que hacer presidente a Sánchez aunque sea gratis". O por qué Pedro Sánchez aseguró a Mònica Terribas en Catalunya Radio ya en 2014: “¿Se pueden blindar competencias vinculadas con hechos singulares como las que tenéis en Cataluña, como es la lengua y la cultura? Yo creo que sí”.

PS. Todo el esfuerzo cívico realizado durante años para hacer respetar en Cataluña los derechos de todos los españoles es pisoteado ahora por este capullo al que le he perdido todo respeto. ¿Por qué la degradación humana alcanza cuotas tan miserables en el ejercicio de la política?

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