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Antonio Robles

Respeto para el Ejército

Dicen que en las situaciones límite las personas muestran su grandeza o sus miserias.

Antonio Robles
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Dicen que en las situaciones límite las personas muestran su grandeza o sus miserias. Estos tiempos de pandemia y miedos nos han mostrado la evidencia. Una riqueza inesperada para diferenciar lo que es esencial de lo que es accesorio. Por ejemplo, ahora sabemos que la sanidad pública y universal es un bien en sí mismo, como las fuerzas de orden público o el propio ejército, tradicionalmente vilipendiados.

Como en la vida personal, las sociedades necesitan tomar conciencia del valor de las cosas y asumir su precio. Sin autoengaños. Las sociedades que no lo prevén a tiempo acaban pagándolo mucho más caro tarde o temprano. Como nos está ocurriendo ahora.

Solo echamos en falta un bien cuando lo perdemos o lo necesitamos. Las sociedades de la inocencia, inconscientes del origen de su bienestar, han de plantearse la inversión en útiles que aseguren elementos esenciales de su existencia. Es el mismo fundamento de toda inversión periódica en seguros personales o en inversiones de capital. Costear el precio es poseer la capacidad de secuenciar satisfacciones inmediatas y prever necesidades futuras, ahorrar, invertir…

Con la crisis de la pandemia, la edad de la inocencia ha terminado. La inversión en bienes colectivos necesarios en situaciones de riesgo ha tomado sentido. Hemos visto con indignación creciente cómo una sociedad sin inversiones suficientes en salud es un error de bulto, como sin inversiones adecuadas en investigación y educación. Pero hay inversiones más ideológicas, o más abocadas a la demagogia. Como los presupuestos anuales en defensa.

La épica adolescente de un mundo en paz con Estados sin ejército ha quedado en eso, en pura estética. Mientras haya fronteras y propiedades, modelos sociales, culturas dignas de defender, o sistemas democráticos, deberán existir medios para garantizar su existencia y cuidado. Y eso cuesta dinero. Como cuesta disponer de medios para prevenir y evitar incendios o para el cuidado de la naturaleza y el hábitat donde vivimos.

La pandemia habría de servir para no hacer tanta demagogia con los presupuestos en todas estas infraestructuras imprescindibles para dormir tranquilos. Cuando los soldados aliados entraron en París después de vencer a la Alemania nazi, un millón de franceses salieron a la calle para recibirles como héroes. En la tragedia encontramos utilidad y nos congratulamos con los presupuestos gastados en su mantenimiento. Parece que sólo echamos en falta al ejército cuando lo necesitamos. Sobre todo en España.

Viene a cuento porque el desprecio que muestran los nacionalistas catalanes a nuestro ejército, día sí y día también, a pesar de su trabajo abnegado y arriesgado contra la pandemia, no sólo adolece de un infantilismo impropio de cualquier sociedad democrática, sino que empieza a ser insoportablemente ofensivo contra todos los ciudadanos, no sólo contra sus miembros. No tienen derecho a ciscarse en nuestros soldados como si fueran apestados, porque forman parte de nuestras instituciones democráticas, porque son personas de carne y hueso, ciudadanos con derechos como todos los demás; porque callan y soportan en silencio espartano lo que ninguno de los que les insultan y desprecian soportarían nunca. Porque demuestran una fatuidad y un supremacismo propio de cobardes y rebaños. Muy valientes cuando se sienten inmunes, pero sumisos cuando la intemperie requiere valor.

Omito la retahíla de ofensas a propósito de la pandemia, porque se producen cada día. La última, este lunes en TV3: "Es una novedad que los militares velen a los muertos y no los provoquen, que es lo que hacen habitualmente".

Aunque lo más ofensivo es que el Gobierno de España haya accedido en medio de tanta ofensa a cerrar la comisaría de la Policía Nacional de Vía Layetana en Barcelona para convertirla en un memorial de la represión franquista. Chantaje de ERC que Sánchez ha aceptado. Por el retrovisor, una Barcelona en llamas, y los agentes de la comisaría de Vía Layetana soportando la violencia necesaria para que Sánchez, populistas, separatistas y filoetarras se repartan las nueces.

¿Acaso le pasa desapercibido a Sánchez que es un símbolo más para envilecer la imagen de España y aumentar el rencor contra su existencia?

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