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¡Son cosas de niños!

Me cuenta algunas anécdotas: el tutor recrimina a su hijo cada vez que éste se dirige a él en castellano y le obliga a hacerlo en catalán.

Antonio Robles
12

Hace dos días recibí la llamada de una madre preocupada por la aspiración del tutor de su hijo de 12 años para hacerse con la dirección del centro. Le escucho.

Me cuenta algunas anécdotas: el tutor recrimina a su hijo cada vez que éste se dirige a él en castellano y le obliga a hacerlo en catalán. Recuerda que en la primera reunión con los padres se negó a cambiar de idioma cuando una madre recién llegada de Sudamérica le rogó si podía hacerlo en español. Le emplazó para el final de la reunión a solas, sin mirarla siquiera y sin cambiar de lengua… Y siguió con la manipulación de los libros de texto, los cánticos inocentes de los más pequeños, in, in, inde pèn den cia à!, in, in, inde pèn den cia à!, en las duchas después de Educación Física, me recordó el silencio de los padres por miedo o abierta complicidad. Etc.

¿Y por esto pretendes que el tutor de tu hijo renuncie a la dirección?, le dije irónico. Me aclaró que el tutor es un activista de la ANC, y su actividad diaria en las redes sociales se reduce a hacer proselitismo de la independencia. Con esos avales considera que no es la persona más idónea para dirigir un centro público de enseñanza, cuyos fines no son adoctrinar a los niños sino transmitir ilustración y capacidad para poseer criterio propio.

Le seguí escuchando con condescendencia. Precisamente ese perfil sectario posee todas las virtudes para ser hoy director de un centro de enseñanza en Cataluña. Es más, le remarqué, es esa actitud de apostolado que muestra la promocionada por la Consejería de enseñanza, las organizaciones secesionistas y los partidos políticos nacionalistas.

–Hay más –me dijo–. La semana pasada tuve una reunión con él y al expresarle mi alegría por lo integrado y respetado que está con sus compañeros en el colegio me preguntó si antes no lo estaba. Y me atreví a expresárselo. Le confesé que lo tuve que sacar del colegio anterior porque le hacían el vacío. Le conté por qué. Al oírme, mudó la cara sonriente por una actitud severa primero y de claro rechazo después. Me sentí muy mal, y culpable por la posible repercusión en mi hijo.

Y me contó. El primer día de clase después de la Diada independentista del 11 de septiembre de 2012, el amigo más estrecho de su hijo le preguntó:

–Álex, ¿tú eres independentista? –Debían de tener entonces 9 años.

–¿Eso qué es? –Su hijo no sabía lo que era.

–Ser independentista es ser catalán, porque ser español es una mierda.

–¡El mierda lo serás tú! –Le contestó su hijo enfadado. Las tuvieron.

Desde entonces, no sólo su amigo sino el grupo más activista del centro le hicieron la vida imposible. Hasta que un día su madre, preocupada por el cambio de actitud de Álex, le preguntó por qué venía tan triste del cole. El pequeño no le dio razones, hasta que una tarde le soltó:

–Mamá, ¿nosotros somos independentistas?

La madre se quedó desconcertada y solo se le ocurrió decir que no tenía edad para esas cosas. Y a continuación el pequeño insistió:

–¿Y España es una mierda?

(…)

Hablamos largo y tendido. Me siguió contando, esta vez de su hijo mayor, un adolescente de 16 años. En el instituto, después de las elecciones autonómicas catalanas del 27-S, la profesora de C. S. les comentó los resultados y en tono muy crítico les transmitió que no entendía cómo era posible que C’s hubiera sacado tantos votos. Un alumno tuvo el valor de levantar la mano y decirle que sus padres habían votado a C’s, y a continuación su amigo de pupitre hizo lo propio, actitud que aprovechó su hijo para asegurar que también los suyos. Así hasta cinco alumnos. Se quedó desconcertada sin saber qué decir.

–Ya, pero si tuvierais que votar vosotros, ¿qué votaríais?

Curiosamente, cuatro de los cinco sostuvieron que a C’s. La profesora les afeó la conducta, y despreció la elección.

¡Son cosas de niños..!

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