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Verdades de mentira en TV3

No hay mayor impostura que la indecencia vestida de virtud.

Antonio Robles
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TV3 acaba de abordar el fenómeno de la posverdad, es decir, la difusión y manipulación de informaciones falsas como si fueran verdaderas creando una inseguridad cognitiva corrosiva. En ella, la verdad y la mentira dejan de tener referencias inmediatas con los hechos comprobables y pierden su función. La irrupción de las RRSS y la creciente frivolización de los medios audiovisuales han sido el caldo de cultivo y el medio para hacerlas virales.

No hay mayor impostura que la indecencia vestida de virtud. Y TV3 la ha mostrado al desnudo con la emisión del programa Veritats de mentida. Pareciera que el análisis y la crítica dedicados a las falsas noticias, a las verdades engañosas, medias verdades o verdades de mentira no fueran con TV3 o con la Cataluña nacionalista. Eso sí, como hay que demostrar neutralidad en la información, la simulan con la aparición fugaz de Pujol y su mujer en la portada del programa. Visto y no visto, y después de ellos, impunidad. Así se justificaba el vaciado total de las posverdades del espacio catalán de comunicación que han sido y son claves para construir el imaginario independentista.

Por ejemplo, muestran la asistencia de público a las tomas de posesión del presidente Trump y el presidente Obama y la manipulación de las imágenes que el equipo de Trump mostró para demostrar que su toma de posesión tuvo más seguidores. Las imágenes aéreas posteriores demuestran la posverdad. Sin embargo, el programa de TV3 obvió las innumerables verdades de mentira de la prensa nacionalista multiplicando por tres, cuatro o cinco veces el número de asistentes a sus manifestaciones secesionistas. Posverdad que ha logrado imponer como normales cifras de dos millones de personas en espacios donde a duras penas caben 400.000. La evidencia la tenían a mano, era construcción suya, pero prefirieron ignorarla.

Idéntica amnesia tuvieron cuando prefirieron mostrar las mentiras económicas del exalcalde de Londres Boris Johnson durante la campaña a favor del Brexit, en lugar de mostrar la campaña de España nos roba del nacionalismo catalán. "Cada semana envían 350 millones de libras a Bruselas; dediquémoslo a la sanidad pública", decían para encabronar a los británicos contra la UE. La misma denuncia de expolio fiscal que utilizan los nacionalistas para soliviantar a los catalanes contra España. No era verdad, pero, tal como reconoció después del referéndum el líder euroescéptico, la mentira iba bien para que calara en el opinión pública. Idéntica utilización del victimismo. Con una diferencia: prefirieron mostrar las vergüenzas de los euroescépticos ingleses que la vergüenza propia del expolio fiscal. Artur Más y Junqueras nos han bombardeado amparados en los medios del régimen con la gansada de que Cataluña podría disponer de unos 16.000 millones de euros adicionales cada año si las balanzas fiscales no estuvieran al servicio del expolio fiscal de Cataluña o tuviéramos el tope de solidaridad entre regiones de un 4,5%, como en Alemania. Las dos cosas son falsas. Con ese dinero que "España nos roba" –encizañan– se podrían prestar nuevos servicios, evitar recortes y reducir la deuda. En buena medida, esta posverdad desenmascarada por Josep Borrell en Las cuentas y los cuentos de la independencia ha activado el egoísmo más primario de la gente para engrosar las filas del independentismo. El rosario de posverdades es infinito: una sentencia del Tribunal de La Haya que el juez Vidal difundió siendo falsa y las Raholas de turno convirtieron en viral, mil sandeces históricas que convirtieron en catalanes a Santa Teresa de Jesús, Leonardo da Vinci y Colón en la misma tacada, etc. Pero no echaron mano de ellas, porque en realidad TV3 y el procès son la encarnación de la posverdad.

Es preocupante el grado de sectarismo del espacio catalán de comunicación. Si la posverdad se nutre de las RRSS y ya hay millones de personas que toman por realidad la posverdad de internet en lugar de atenerse al principio de causalidad de la realidad empírica, en Cataluña el ensimismamiento nacionalista ha generado una realidad legal paralela que ha roto por completo con el pulso de la realidad.

Esa extraña patología de Puigdemont y sus clones empecinándose en vivir en una realidad paralela a la legal tiene un reflejo en el efecto que los algoritmos provocan en los usuarios de las RRSS al quedar atrapados como insectos en sus propios deseos e intereses. El algoritmo en Facebook es una herramienta estadística que descubre patrones para ofrecerlos a las tendencias de los usuarios. Cuanto más cerrado sea el recinto mental del usuario, más rodeado estará de sí mismo; es decir, de aquello que él mismo y su entorno han provocado. Algo así está provocando este bucle de gente atrapada por sus propios delirios.

P. D. Posverdad a la catalana: un golpe de Estado de diseño. La naturaleza de la posverdad más sucia. Porque está hecha de mentiras camufladas por una rebelión estética, joven, deportiva, que aporte buena conciencia. Un asco, nunca el fascismo fue tan taimado. A un golpe de clic.

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