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Carmelo Jordá

¿Cómo no van a poder?

Sería glorioso que el partido del ínclito Pablo Iglesias lo acabase cerrando el no menos ínclito Pablo Iglesias.

Carmelo Jordá
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Les confieso que el exitazo de Podemos me ha pillado a contrapié, no sé si no lo he querido ver por algún mecanismo de autodefensa psicológica. El caso es que, como no creo en Twitter como canal de formación de opinión de masas y presto poca atención a la televisión, no he sabido medir el impacto mediático de nuestro amigo Iglesias.

Por otro lado, una vez acaecido el luctuoso acontecimiento, la cosa es menos sorprendente de lo que parece e incluso, vista con perspectiva, era bastante previsible. De acuerdo, ya sé que esto de predecir el pasado se nos da muy bien a los periodistas, pero además de lamentarnos creo que es interesante echar un vistazo al camino que nos ha traído aquí.

Y el camino, o mejor dicho los caminos, nace básicamente de tres puntos: la educación, los medios de comunicación y, por supuesto, un PSOE que va a ser con toda probabilidad uno de los devorados por sus propias criaturitas. Por cierto: sería glorioso que el partido del ínclito Pablo Iglesias lo acabase cerrando el no menos ínclito Pablo Iglesias.

Empecemos por el último: estos socialistas postzapateriles tienen lo peor de Felipe González y lo peor de Zapatero sin siquiera la brillantez que tenía el primero. La banalización de la política emprendida por el PSOE en tiempos de ZP y el sectarismo atroz que ya ejercían el hermano de mihemano y sus adláteres en los últimos años se ha disparado, abriendo heridas que ya ni sabíamos que teníamos.

Los medios no son culpables sólo por pasear en romería a Pablo Iglesias durante esta campaña, que también, pero la cosa viene de mucho antes, de cuando dejaron que los tomasen unos periodistas y unos sindicalistas de lo peor de la profesión, de cuando dejaron que con cuatro gracietas y tres tonterías se instalase la percepción de que lo moderno, lo cool y lo socialmente rentable es ser de izquierdas, cuanto más mejor, cuanto con más generador de odio mejor, sin posibilidad de salir de la tribu.

La educación, por su parte, lleva décadas en una campaña de adoctrinamiento, cada vez más a la izquierda, cada vez más radical, ecologista en el peor sentido del término, estúpida en el más amplio, glorificando todos y cada uno de los conceptos de los que hace bandera el buenismo más izquierdoso: la solidaridad, la igualdad, el pacifismo de nuevo mal entendido… Eso sí, busquen ustedes la palabra libertad entre los murales de un colegio de primaria de España y si la encuentran les invito a cenar.

Así las cosas, lo normal y lo lógico es que un tipo aseado, inteligente y con pocos escrúpulos como Pablo Iglesias acabe triunfando. Un tipo, por otra parte, que sabe bien lo que quiere y que –no se equivoquen al respecto– tiene muy claras las consecuencias de lo que quiere: un país muy pobre pero en el que ellos mandarán durante mucho mucho tiempo.

Dicho de otro modo, y parafraseando su propio lema: ¿cómo no van a poder con estas prendas y con una derecha que vive convencida de lo pernicioso del vicio de pensar?

Lo de ahora es un aviso, pero del tamaño del susto tendremos una idea más ajustada en las próximas elecciones municipales y autonómicas. Según sea la cosa, vayan haciendo las maletas, y cuando las huestes iglesianas tomen el Palacio de Invierno o el de La Moncloa que la cosa les pille lejos, por si acaso.

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