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Carmelo Jordá

La extrema derecha de Madrit

Mientras nos preocupamos por el irresistible ascenso de este peligro inminente de la derechona, la extrema izquierda se llevó el 20% de los votos en las europeas.

Carmelo Jordá
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Vale que estamos ya acabando julio y que en la librería–embajada–lo-que-sea de la Generalidad en Madrid no dejaban pasar ni a los periodistas, pero la demostración de fuerza de la "extrema derecha de Madrit" este miércoles fue de lo más significativa: un señor –es un decir- gritando "Visca Espanya!" o algo similar mientras Mas soltaba sus mentiras con la cara de póker habitual.

Ante esta intolerable agresión, y sobre todo ante el hecho de que supueso que por unos instantes no estuviese todo el mundo pendiente de él, se vio muy molesto a Artur Mas, que tardó un poco en retomar su discurso mientras se llevaban al peligroso sujeto, según algunos medios miembro de la Falange. Sí, todavía hay gente de Falange, pobrecitos míos.

Además de al mosqueo de Mas –"me están estropeando mi momento estelar"-, el dramático acontecimiento nos enfrenta a un hecho impactante: la peligrosa extrema derecha de Madrit es un señor, uno, que grita desde la puerta.

El españolismo rancio, la caverna, el nacionalismo español y toda esa colección de seres mitológicos con los que se nos amenaza desde el nacionalismo y la izquierda simple -valga la redundancia-; ese muestrario de monstruos sedientos de sangre catalana que ha convertido Madrit en algo así como el barrio más violento de Mordor es… un tío que puede que sea de Falange y grita que viva España, cual Manolo Escobar extraviado.

Pero, eso sí, mientras todos nos preocupamos por el irresistible ascenso de este peligro inminente de la derechona españolista, la extrema izquierda se ha llevado casi el 20% de los votos en las últimas elecciones. Y lo ha hecho llamando a acabar con el capitalismo y con defectos intolerables de éste como la propiedad privada. Mientras la horda unipersonal del españolismo recorre la capital, el 80% del Parlamento catalán está metido de hoz y coz en un proceso para romper una nación que, como mínimo, va para media docena de siglos.

Esa izquierda se manifiesta en la calle reclamando el poder para los sóviets –no es broma, yo lo he visto- y la dictadura del proletariado, pero que eso no les alarme, lo verdaderamente peligroso es la extrema derecha y su furia contra la diversidad, la pluralidad y la catalanidad. Hay que estar alerta, que ya tienen un hombre y a este paso, allá por el año 3000, igual un día nos dan un disgusto.

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