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Mentiras, malditas mentiras y encuestas

El descaro ha crecido exponencialmente: en la España de hoy, en la política y en los medios –valga la redundancia–, ya no disimula ni Dios.

Carmelo Jordá
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El sociólogo socialista José F. Tezanos | PSOE

En uno de los capítulos de la autobiografía que Mark Twain publicaba por entregas en una revista literaria americana, el famosísimo escritor atribuyó al político inglés Benjamin Disraeli una frase que desde entonces ha tenido considerable fortuna, a pesar de que no se sabe con certeza si fue o no pronunciada por el que fuera líder del Partido Conservador y primer ministro británico: "Hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas".

La frase es redonda, genial, pero cabe preguntarse qué habrían dicho Disraeli o el propio Mark Twain de haber conocido a José Félix Tezanos, encuestólogo de cabecera del PSOE durante años y actualmente presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas, es decir, amo y señor de la gran máquina pública de hacer encuestas en España.

Por supuesto, he recordado la frase al ver los inverosímiles datos del barómetro electoral del CIS que hemos conocido este martes. Por ejemplo: que después del golpe de Estado en Cataluña los tres partidos de la derecha tienen una intención de voto bastante inferior a las cifras que tuvieron PP y Ciudadanos en junio de 2016, un giro a la izquierda de la sociedad española que hasta ahora no había visto nadie y que me resulta, por decirlo de una forma sutil, difícil de creer.

Sin embargo, hay que reconocer que aunque sí es, evidentemente, el más escandaloso de todos –básicamente porque no se hace con el dinero del PSOE sino con el suyo y el mío, con lo que a ser tratados como trabajadoras del amor unimos la ingrata condición de proveedores del mobiliario–, el caso de Tezanos no es único: si han seguido ustedes más o menos de cerca todas las encuestas que se han publicando en los últimos meses, habrán visto que prácticamente ninguna contradice la línea editorial del medio que la publica y que, por tanto, la paga.

Ya sé que tampoco estoy descubriendo América y que algo parecido ha ocurrido desde que el mundo es mundo y las encuestas las encargan los periódicos o las televisiones, pero mi sensación es que, como en prácticamente todo lo demás, el descaro ha crecido exponencialmente: en la España de hoy, en la política y en los medios –valga la redundancia–, ya no disimula ni Dios.

Dicho todo lo anterior, tampoco les voy a decir que no se crean las encuestas o que no les hagan ningún paso, pero sí les daré una recomendación: léanlas todas y según vayan viendo los datos recuerden que, parafraseando a Disraeli, a Twain o a quien fuese, hay mentiras, malditas mentiras… y encuestas.

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