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Carmelo Jordá

Monedero, Lomana y los gentiles

Nunca podrá la humanidad agradecer a Juan Carlos Monedero su labor de evangelización podemita entre los ricos.

Carmelo Jordá
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Nunca podrá la humanidad agradecer a Juan Carlos Monedero su labor de evangelización podemita entre los ricos.

Nunca podrá la humanidad –sí, la humanidad entera, aquí no nos andamos con minucias– agradecer a Juan Carlos Monedero su labor de evangelización podemita entre los ricos.

El otro día lo contaba el pobre en lo de Cintora, demacrado y visiblemente desmejorado por el descomunal esfuerzo y enfrentándose como un león a las incisivas preguntas del director del programa, que yo no sé cómo los chicos de Podemos van a que les hagan esas encerronas feroces.

Confesaba Monedero, como les digo, que sí, que fue a casa de la conocida activista Carmen Lomana "a un roscón", pero que el pobre no comió nada, no sabemos si porque era relleno y a él le gusta el tradicional, o porque estaba todo el rato predicando y no quería que se le cayese la comida de la boca como a Woody Allen en la mítica escena de Bananas con Nati Abascal.

No comió y encima tuvo que explicar a aquella gente, que "seguramente son los que más infectados de mentiras sobre Podemos están" –la frase quizá no es literal del todo pero iba por ahí–, la buena nueva de Pablo Iglesias.

Yo, que tengo una imaginación un poco televisiva pero de otra época, me imagino la escena en una modesta habitación, o en un campo junto al mar de Galilea, todos vestidos con túnicas y con Monedero levantando humilde la mirada y preguntando:

–Maestro Pablo, ¿debemos llevar tu mensaje a los ricos?

–También ellos tienen derecho a salvarse –respondería el mesías Iglesias, con una dulce sonrisa, quién sabe si pensando en Tania Magdalena.

Pero una cosa es preguntarlo por curiosidad teórica y otra elegir a Carmen Lomana y sus amigos como público y oyentes, porque pónganse en su piel: ¿será más fácil que la buena nueva sea escuchada en el roscón en territorio comanche o en el bizcocho de San Carlos Borromeo?

Ahí está el mérito de Monedero, que ha elegido a los ricos como objetivo de su apostolado, tal y como Pablo de Tarso eligió a los gentiles. Allí donde la tarea es más ardua, allí donde las posibilidades de éxito son menores, allí donde el roscón está más cargado de la más engordante nata y de la fruta más escarchada, allí estará Monedero, jugándose el tipo.

Si es que no nos los merecemos.

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