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Carmelo Jordá

Podemos se autoinculpa

Fracasado el asalto a los cielos, Podemos se acerca a los infiernos.

Carmelo Jordá
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Fracasado el asalto a los cielos, Podemos se acerca a los infiernos.
Europa Press

Está claro que, llegadas las cosas al cambiante y proceloso mundo de los tribunales, uno tiene la tentación de hacer lo que sea para que no le caiga una condena o intentar que la cosa se acabe pronto con un sobreseimiento de esos vía exprés. Pero si eres un partido, y más un partido como Podemos, que ha presumido desde su creación de ser un cúmulo de virtudes que ni un convento fundado por Teresa de Jesús durante una visita de San Juan de la Cruz, la táctica de los trucos judiciales te puede salir muy cara.

En primer lugar, porque no tiene pinta de tener demasiado éxito; a ver, que el juez Escalonilla no parece un amateur y, sobre todo, que la información no puede tener mejor origen: todo viene desde dentro. En segundo, porque este no es el único caso judicial que acecha al partido: hay más causas y probablemente habrá aún más. Y en tercero, porque las prisas y los nervios te llevan a cometer errores de bulto, como por ejemplo decir que todo es un invento pero al mismo tiempo asegurar que los datos se han obtenido de forma ilícita porque Calvente era su abogado. A ver, en qué quedamos: ¿es mentira o es ilícito?, porque las dos cosas a la vez son imposibles, no creo que Calvente sea tan tonto como para haber aprovechado su posición como abogado dentro del partido para llenar el USB de datos falsos.

Dicho lo anterior, si yo me hubiese creído en algún momento lo que Podemos ha dicho ser desde su propio nacimiento, esperaría que ahora abriesen sus puertas, sus armarios y sus cajas –aes o bes– al ojo inquisidor de los magistrados: la transparencia tendría que ser absoluta y la colaboración con los jueces, total; nada de proteger a los presuntos corruptos o retrasar la acción de la Justicia, que eso son cosas de la derechona.

Pero resulta que no, resulta que esas promesas se han ido por la misma cloaca por la que se fueron otras, como que el partido sería de los círculos y las gentes o que nunca se viviría fuera de Vallecas. Qué tiempos aquellos, qué jóvenes e inocentes éramos.

Ahora ya no queda nada de todo eso, sólo un partido inmolado a la mayor gloria del supremo líder, una serie de asuntos turbios que han llegado por fin a los tribunales y un abogado cabreadísimo dispuesto a cantar no ya La Traviata sino la tetralogía del nibelungo al completo. Y ya saben que si escuchas a Wagner te entran ganas de invadir Polonia.

Fracasado el asalto a los cielos, Podemos se acerca a los infiernos.

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