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Carmelo Jordá

Pues si estos son los titulares...

Si todavía albergamos alguna duda sobre el páramo intelectual en el que se han convertido la izquierda española en general y el PSOE en particular, la lista de la nueva Ejecutiva sociliasta no puede más que despejarla

Carmelo Jordá
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El enfrentamiento por el control del partido entre Rubalcaba y Chacón nos tenía el corazón partido, no porque no supiésemos si apostar por el afaisanado portavoz del GAL o por la ministra de Defensa independentista; sino porque no sabíamos si llorar desconsolados por el nivelón que está demostrando uno de los dos principales partidos de España, o partirnos de risa viendo que ese partido es el PSOE y, al fin y al cabo, cuanto peor le vaya al Partido Socialista mejor le irá a nuestro país.

Estos sentimientos ambivalentes cambiaron definitivamente el sábado tras los discursos de los dos candidatos en disputa: viendo eso lo único que cabía era la vergüenza. Y mucha, por muy ajena que fuese.

Pero si todavía albergamos alguna duda sobre el páramo intelectual en el que se han convertido la izquierda española en general y el PSOE en particular, la lista de la ejecutiva socialista impuesto-pactada por el flamante secretario general no puede más que despejarla: el "equipo titular" del nuevo-viejo socialismo rubalcabiano no es sino una alineación llena de figuras que desprestigiarían el banquillo de un partido de segunda. 

Y eso en el mejor de los casos, porque analizar uno a uno los nombres es un ejercicio que nos lleva de la melancolía a la irritación, pasando en ocasiones por el choteo puro y duro.

Empecemos por el primero de la lista, el nuevo presidente, José Antonio Griñán. Sí, Griñán, el de los ERE, probablemente el mayor caso de corrupción (al menos por el montante) de nuestra historia democrática, el que va a perder las elecciones andaluzas y quién sabe si a verse poco después con un juez.

La que es a partir de ahora número dos del partido, Elena Valenciano, no ha destacado tampoco por su finura ideológica ni por su producción intelectual; cumple, eso sí, el requisito o la tradición instaurada por el anterior vicesecretario general del partido (Pepe Blanco): no haber terminado sus estudios. No me malinterpreten, estoy convencido de que Valenciano no es de lo peor del socialismo patrio, pero ¿es de lo mejor? Me temo que no.

Como tampoco lo son personajes como Óscar López, que será ahora el ‘número tres’ y que saltó a la fama en la última campaña electoral por no ser capaz de recordar los tres estupendos motivos que tenía para votar a Rubalcaba; o Gaspar Zarrías, que con motivos o sin ellos se convirtió en el primer cuadrúmano votante de nuestra historia, antes de volverse a Andalucía como escudero de las correrías de Chaves por la Junta.

Más nombres deslumbrantes: Patxi Nadie, que ya se está posicionando como delfín para cuando pierda su actual puesto de trabajo como lehendakari; o Trinidad Jiménez, esa mujer cuyas décadas de militancia socialista pueden resumirse en una chupa de cuero, unas primarias en las que hizo el ridículo y un paso por Exteriores que le haremos el favor de no recordar.

Y por esos bajíos intelectuales sigue despeñándose la lista, incluyendo a lumbreras como Simancas, Madina, Lissavetzky o la sin par Maru Menéndez es decir, lo mejor de cada casa con la excepción de nuestra querida Chamosa, injustamente arrinconada en una ejecutiva en la que podía integrarse sin problemas y, aunque probablemente no subiera mucho el nivel, sí que ayudaría a que nos tomásemos la cosa con humor.

No, no es que una ejecutiva liderada por Chacón y con Tomás Gómez o Leire Pajín en puestos destacados fuese el colmo de la sabiduría y la modernidad, pero precisamente eso es lo tremendo del momento: ganase quien ganase el 38 Congreso del PSOE, el segundo mayor partido de España sigue en unas manos que van de lo delictuoso (presuntamente, cómo no) a lo inane, sin salir en ningún caso de la UCI intelectual.

No tiene necesariamente que ser una mala noticia: como les comentaba, que el Partido Socialista se hunda no puede ser sino una buena cosa para un país que necesita como el comer una izquierda moderna, moderada, civilizada y a la que no le dé vergüenza hablar de una nación, España, que está en una difícil encrucijada.

Y esa izquierda, después de este fin de semana está más claro que nunca, no puede ser el PSOE.

En España

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