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Carmelo Jordá

Un PSOE que quiere ser Cáritas

La historia del PSOE y su futuro son a día de hoy muy parecidos: bastante negros los dos.

Carmelo Jordá
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Todo esto de la elección del secretario general del PSOE está resultando en una especie de relamerse las heridas de los socialistas, no sé si reparadora para el militante pero desde luego no demasiado útil para la sociedad y, probablemente, tampoco para un partido que hay días en los que parece resignado a morir: lo que Pablo Iglesias hizo que Pablo Iglesias lo deshaga.

Mucho de esto se vio en el debate –por llamarlo de alguna manera– que este lunes se celebró en Ferraz, y que más que a presentar los programas políticos y las ideas de los tres candidatos pareció un ejercicio de autoayuda colectiva, todo el rato diciéndose unos a otros lo estupendos que son, lo maravilloso que es ese partido y lo brillantes e inmaculados que son su historia y su futuro.

Pero lo cierto es que la historia del PSOE y su futuro son a día de hoy muy parecidos: bastante negros los dos. Es lo normal en el partido que ha pasado de los GAL a una inanidad intelectual tal que temen –y con razón– ser devorados por un Podemos al que ellos mismos han criado y cuyo éxito sólo puede explicarse por la radicalidad y la estupidez en la que los propios socialistas vienen moviéndose en los últimos años: cada vez menos ideas, pero cada vez más tontas y extremistas.

Presas del pánico, ahora, tras años de poltrona y mil casos de corrupción, no quieren que se les señale como casta, término que no me gusta pero que si a alguien cuadra es, por ejemplo, a esos socialistas andaluces que llevan tres décadas en el machito. Y así, el candidato Pedro Sánchez nos ha sacado un vídeo presumiendo de la "gente con casta" que forma las bases del partido.

Pero aunque a ellos les pueda hacer sentir que son muy buenos, desde fuera uno diría que la cosa les ha salido un poco del revés, y más que presumir de un partido político parece que estemos viendo el vídeo de una ONG que trabaja en los barrios y cuida de los pobres, algo así como la versión roja de Cáritas.

Lo malo es que el PSOE ni es Cáritas ni debe serlo, entre otras razones porque para eso ya está la mucho más eficaz y desinteresada organización de la Iglesia. Los partidos políticos para lo que deben estar es, precisamente, para hacer política.

Ya sabemos que eso es difícil cuando no se tienen ganas, como le pasa al Gobierno, ni ideas, como parece que les pasa a los dos principales candidatos a dirigir el PSOE, pero luego cuando venga el de la coleta y los eche a todos a la calle –o la cárcel– no se me quejen: no será sino la penitencia que habrán de cumplir por su pecado.

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