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Con los amigos de ETA

Uno de los hechos más graves y significativos que han sucedido en los últimos días en este embarullado clima electoral ha sido el apoyo explícito de Bildu a los decretazos del Gobierno de Sánchez.

Cayetano González
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Pedro Sánchez | EFE

Uno de los hechos más graves y significativos que han sucedido en los últimos días en este embarullado clima electoral ha sido el apoyo explícito de Bildu a los decretazos del Gobierno de Sánchez. Un apoyo que además fue argumentado por Otegui como un paso importante de la formación filoetarra para influir más decisivamente en la política española a partir de las elecciones generales del próximo día 28.

Lo más grave no es que Otegui saque pecho y se pavonee de esa influencia que pueda tener Bildu en un futuro próximo, sino que Sánchez y su partido lo acepten con total naturalidad, sin mostrar el más mínimo gesto de rechazo al apoyo de alguien que es el rostro más visible de los amigos de ETA en las instituciones.

En la lógica del proceso que empezó Zapatero con su negociación política con ETA al llegar en 2004 a la Moncloa –aunque realmente comenzó antes, cuando al mismo tiempo que firmaba el pacto antiterrorista con el Gobierno del PP autorizaba las conversaciones de Eguiguren con Otegui–, este envalentonamiento del líder de Bildu y esa aceptación por parte del PSOE y de Sánchez de ese apoyo tienen todo el sentido. Cargarse el régimen constitucional del 78, llevar a cabo una segunda transición y romper España mediante el troceamiento de la Nación son objetivos compartidos por el actual PSOE de Sánchez, ETA-Bildu, el PNV y los independentistas catalanes. Y quien no quiera verlo, o se escandalice por esta cruda realidad, tiene un problema. Por eso los ciudadanos tienen que pensar muy bien lo que nos estamos jugando en las urnas dentro de veinte días y votar en consecuencia.

Más allá de esto, que ya es mucho, otro aspecto a destacar es la ausencia total de escrúpulos que revelan con esta conducta Sánchez y su PSOE. Qué enorme actualidad siguen teniendo las palabras pronunciadas hace unos años por Pilar Ruiz Albizu, la madre de los Pagazaurtundúa, dirigidas en su momento al entonces líder de los socialistas vascos: "Patxi [López], harás y dirás cosas que nos helarán la sangre". Sustituyan "Patxi" por "Pedro" y el bofetón moral dado por una socialista de toda la vida a la que ETA arrebató a su hijo Joseba sigue teniendo una intensidad tremenda.

Los socialistas perdieron absolutamente el norte, y no lo han recuperado a día de hoy, cuando Zapatero decidió negociar políticamente con ETA en Oslo y en Loyola. El Gobierno de Rajoy siguió de alguna manera –sin necesidad de sentarse en una mesa con los terroristas– esa hoja de ruta marcada por el expresidente del Gobierno, con dos capítulos bastante penosos: la liberación del torturador-secuestrador de Ortega Lara, Josu Uribetxeberria Bolinaga, y la falta de decisión política para aplicar la Ley de Partidos, impulsada por el Gobierno de Aznar, y volver a ilegalizar todas las marcas de ETA.

Rajoy no quiso hacerlo y las consecuencias de ese no sacar de las instituciones a los amigos de ETA las vimos con toda su crudeza el pasado jueves en el Parlamento vasco, cuando un diputado de Bildu comparó a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado con los nazis en Nuremberg. Siendo esto absolutamente repugnante, también lo fue que la secretaria general del PSE, Idoia Mendía, tuviera la desvergüenza de afear al diputado de Bildu sus palabras; ella, que había brindado con Otegui en las vísperas de la Nochebuena en una cena organizada por un periódico vasco.

Cuando uno contempla estas actuaciones de Sánchez, del PSOE, del PSE, le vienen a la cabeza los nombres de Enrique Casas, Fernando Buesa, Fernando Múgica, Ernest Lluch, Joseba Pagazaurtundúa, Juan María Jáuregui, Juan Priede, Froilán Elespe, Isaías Carrasco, todos ellos militantes del PSOE que en algunos casos llegaron a ocupar cargos institucionales importantes; y lo más relevante: todos fueron asesinados por los amigos de Otegui, el mismo que ahora alardea de su apoyo a Sánchez.

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